No es un debate más. Tampoco un asunto que se agote en lo coyuntural ni en los límites exiguos del proceso electoral. Por el contrario, lo que está en juego es mucho más trascendente para la Ciudad. Lo que empezará a discutir el Concejo Deliberante de La Plata en los próximos días es nada menos que una política de Estado para, al menos, los próximos diez años.
De eso se trata el pliego de licitación para la futura concesión del servicio de recolección de residuos que el Ejecutivo comunal acaba de poner en consideración de los concejales. Allí están contenidos los lineamientos centrales del nuevo sistema que la administración de Julio Garro piensa para la próxima década.
La discusión promete ser ardua. En primera instancia, porque se trata de una de las prestaciones clave que realiza la Comuna y que es motivo de quejas y reclamos. Y en segundo término, porque es el servicio que se lleva la mayor parte del presupuesto municipal: nada menos que 74 millones de pesos por mes. Representa, además, el 50% del total de los gastos que ejecuta el municipio.
Mejorar y revitalizar el sistema de recolección de residuos dotándolo de eficiencia, es una deuda pendiente. Existieron retoques y parches que resultaron insuficientes en los últimos años. Aún peor: la políticas tendientes a concientizar a los platenses de la necesidad de reciclar en origen, virtualmente se abandonaron. De hecho, muchos vecinos que se había sumado a la “ola verde” dejaron de lado el hábito de separar su basura en sintonía con la falta de programas y acciones oficiales que apuntaran a profundizar esa práctica ecológica saludable.
De hecho, se estima que en la Ciudad se recicla sólo el 9 por ciento de la basura que se genera frente al 30 por ciento que se reutiliza en capitales europeas.
En términos generales, el municipio va hacia un esquema que prevé la división de la Ciudad en dos zonas para la prestación del servicio. Una comprenderá a todo el casco fundacional y la zona norte del distrito (Tolosa, Gonnet, City Bell y Villa Elisa) y la otra el sector sur y oeste que incluyen Lisandro Olmos, Villa Elvira, Altos de San Lorenzo y Los Hornos.
Esta división abre la puerta para que el servicio deje de ser prestado sólo por una firma, tal como ocurre en la actualidad con Esur. Otra de las cuestiones establecidas en el pliego y que supone un cambio drástico en relación al sistema actual, es la instalación de contenedores en las esquinas, tal como ocurre en capital federal.
Será en forma paulatina. En primera instancia, los contenedores que serán dos -uno para los residuos secos y otro para los húmedos- serán ubicados en el microcentro y algunas avenidas. Los vecinos de esas zonas ya no deberán dejar de depositar las bolsas frente a sus casas sino que tendrán que llevarlas hasta los contenedores.
El sistema puede que sea superador al actual, pero demandará un exhaustivo control municipal -que hoy luce bastante laxo- para que se dé cumplimiento no sólo con la frecuencia del vaciado, sino también con la necesaria limpieza de esos contenedores que de otra forma terminarán oficiando de basurales organizados.
En relación a hace diez años, La Plata produce un 40 por ciento más de residuos. Acaso esta circunstancia -en la que se conjugan cuestiones económicas y demográficas- empuja a intentar un cambio de rumbo en materia de recolección y tratamiento de la basura. Pero sin educación ciudadana y sin control de los prestatarios, ambos con penalización ante incumplimientos, cualquier intento por poner en caja una de las cuestiones que más quejas vecinales genera quizás termine siendo apenas un mero maquillaje.
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