Sustentable o no, el Gobierno consolida su estrategia gradualista con el programa económico.
El Presupuesto 2018, tal cual fue presentado por el ministro Nicolás Dujovne al Congreso, ratifica esa línea de trabajo, aunque no es el único ejemplo.
La reforma tributaria y los acuerdos con los gobernadores por el futuro de los ingresos brutos, también van en la misma dirección, con un horizonte de implementación plena para el 2022/23.
Los recortes en el gasto, las metas fiscales o los niveles de deuda del Tesoro avanzan con pausa y sujetos al supuesto de que la economía crecerá en los próximos 4 ó 5 años a un ritmo no inferior del 3%.
Aunque nada puede ser definitivo.
VAIVENES
Los vaivenes son tantos, aquí como en el resto del mundo, que las proyecciones pueden fallar y obligar a improvisar.
El origen del gradualismo es político. La convicción del macrismo es que la Argentina no está en condiciones de soportar ajustes inmediatos, con fuertes recortes del gasto.
Y que un programa de esa naturaleza desembocaría en otra crisis de magnitud que echaría por la borda el proyecto de cambios que cristaliza el presidente Mauricio Macri.
El origen del gradualismo es político. La convicción del macrismo es que la Argentina no está en condiciones de soportar ajustes inmediatos, con fuertes recortes del gasto
El tiempo dará un veredicto sobre la certeza de la vía gradual: si fracasa, habrá suficiente material para explicar los errores; y si alcanza las metas, llenará las bibliotecas junto a otras experiencias exitosas.
Otro campo del ensayo gradualista es la reforma laboral.
Todos los estudios económicos arrojan resultados similares.
Los costos laborales en el país son 30 % más caros en dólares que en Brasil y hasta más 50 % que México.
La Argentina es cara en dólares, comparada con cualquier país de la región, aunque no sólo debido a los costos asociados a los trabajadores.
La carga tributaria, defectos de infraestructura, costos de transporte, ineficiencias administrativas y atraso tecnológico de sectores, constituyen el combo de la baja competitividad de la economía Argentina.
El macrismo definió en una primera etapa la necesidad de bajar el costo laboral, pero sin hablar de cambios más de fondo.
EFECTO BRASIL
Pero la reforma sancionada por el gobierno de Temer, en Brasil, modificó el panorama.
La flexibilidad aprobada en Brasil abre más interrogantes sobre el destino futuro de las inversiones y, por tanto, en la creación de puestos de trabajo.
Pero la flexibilidad tiene un altísimo voltaje político.
El ministro Triaca descartó esa opción y confirmó que sólo hay acuerdo en lanzar un amplio blanqueo laboral después de las elecciones legislativas.
Alcanzaría a 4,5 millones de trabajadores hoy en negro.
En los negocios, la opinión no es unánime, pero uno de los popes de la nueva generación, Marcos Galperín, dejó claro que si de este lado de la frontera no se hacen reformas, la Argentina perderá miles de fuentes de trabajo. Quizás por la inminente elección legislativa, o por la convicción gradualista, el oficialismo negó que haya un proyecto de ley de reforma laboral.
Los costos laborales en el país son 30 % más caros en dólares que en Brasil y hasta más 50 % que México
E insistió con la fórmula local, una vía “argentina” sin cambio de legislación, que sería la de lograr acuerdos tripartitos, entre el Estado, las empresas y los sindicatos.
Los ejemplos son el sector petrolero y el textil.
Dos casos, sintomáticos, de bajísima competitividad.
Según la lectura oficial, no es que el Gobierno no avanzará con una reforma laboral, sino que lo hará con esta vía de consenso.
¿Los convenios estarán por encima de la ley? ¿Es viable un blanqueo sin baja de la carga impositiva? ¿Cuánto podrán resignar los sindicatos en esta nueva etapa?
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