Para la Selección los tiempos se van acortando, el decisivo partido con Perú está a la vuelta de la esquina, sin margen para el error y con la obligación de tener que enderezar el rumbo. Jorge Sampaoli que casi con seguridad suponía que la frustración por la cadena de finales perdidas afectaba al plantel, seguramente no pensaba que el bajón era tan grande y por eso insiste con estar cara a cara con sus dirigidos entre partido y partido.
Al problema futbolístico se le agregó un profundo bache anímico que se hizo notorio particularmente en los partidos con Uruguay y Venezuela. Por eso el DT ocupó varios días en una nueva gira europea que finalizó ayer para palpar cara a cara el semblante de sus dirigidos de cara a los decisivos desafíos por venir.
Queda claro que los bajones futbolístico y anímico que golpea a la Selección obligan a replanteos y a una urgente corrección del rumbo que no debe quedar en meros golpes de timón como el tan conversado cambio de escenario que trasladó el partido con Perú de Núñez a la Boca. River acaba de demostrar, en la Copa Libertadores, que a la hora de tener que dar vuelta un resultado la cosa no pasa por la escenografía sino por la actitud de los actores.
Y conviene destacarlo porque en medio de una profunda crisis futbolística, con jugadores que no aciertan a encontrar el rumbo mientras en sus clubes la rompen, tres directores técnicos distintos durante las Eliminatorias y una clasificación para el Mundial en duda, en la Selección todo los esfuerzos estuvieron puestos en la mudanza de cancha para tratar de escaparles a los fantasmas.
Los archivos devuelven datos que dan por tierra con quienes apuestan fuerte a que el cambio de escenario ayudará a torcer el rumbo. La Selección quedó eliminada de la Copa América 2011 en Santa Fe. Cayó ante Brasil en el Gigante de Rosario Central. Paraguay cantó victoria en la gramilla cordobesa. Bolivia se llevo un empate del Estadio Ciudad de La Plata. En la Bombonera el equipo nacional cayó por penales en la definición del Superclásico de las Américas con Brasil. Para completar, de la cancha de River se llevaron sus primeros halagos Ecuador y Venezuela. Una verdadera cadena de sinsabores durante la última década y en distintos escenarios.
Así las cosas, el campo de juego no parece ser el problema. Es una lástima el tiempo y el esfuerzo perdido. En el medio se armó una discusión sobre la conveniencia o no del cambio que generó demasiado ruido, agrandó a los peruanos y demostró que seguimos equivocando el camino. Lo que falta –por lo que se viene observando-- son mejor juego colectivo, mayor eficacia individual, otra actitud.
De local la Argentina ha tenido un irregular rendimiento sumando 14 de 24 puntos posibles con caídas ante Ecuador y Paraguay, empates con Brasil y Venezuela y éxitos sobre Bolivia, Uruguay, Colombia y Chile. Los problemas con el Monumental empezaron en marzo del año pasado después del tropiezo con los ecuatorianos y la igualdad con los brasileños. “Nunca más visitantes en casa ¿Cómo puede ser? Vamos a Ecuador, a Perú o a Paraguay y nos hacen sentir bien visitante, acá el rival juega cómodo...”, decían por lo bajo los referentes del plantel a modo de queja.
Después de eso el equipo nacional le ganó a Bolivia en el Kempes y a Uruguay en tierra mendocina. Hubo silbidos tras la derrota con Paraguay, en Córdoba, y malhumor contra Higuaín pese al triunfo cómodo sobre Colombia. El retorno a Buenos Aires se estaba poniendo en marcha otra vez.
El resto de la historia es más reciente y tiene como último capítulo el pobrísimo espectáculo con Venezuela. Ahora todos los cañones apuntan al 5 de octubre cuando la Selección se enfrente a los de Ricardo Gareca con la imperiosa necesidad de ganar. Sampaoli tiene en sus manos encontrar la fórmula que nos ponga en carrera, acabar con esta pesadilla y hacer realidad la clasificación a Rusia 2018. Pero no hay que confundirse: el problema no es la cancha.
SUSCRIBITE a esta promo especial