Zygmund Bauman fue un sociólogo, filósofo y ensayista polaco que acuñó el concepto “modernidad líquida” para explicar las características principales de la forma de vida moderna.
En su libro “Amor líquido” continúa el análisis de la sociedad en el mundo globalizado y los cambios radicales que impone a la condición humana. Pero, en esta ocasión se concentra en el amor.
Habla del miedo a establecer relaciones duraderas, que trasciendan las meras conexiones; de los lazos de solidaridad, que parecieran depender de los beneficios que generan; de cómo la doctrina “del amor al prójimo” fue mutando hasta deribar en el “miedo a los extraños”, entre otras cuestiones.
Bauman muestra cómo la esfera comercial lo abarca todo, cómo las relaciones, “los riesgos y angustias de vivir juntos y separados” son siempre pensadas en términos de costos y beneficios, de convivencia.
“La moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante. Esa razón le niega sus derechos a las ataduras y a los lazos, sean espaciales o temporales. Para la moderna racionalidad líquida del consumo... las ataduras y los lazos vuelven “impuras” las relaciones humanas, tal y como sucedería con cualquier acto de consumo que proporcione satisfacción instantánea así como el vencimiento instantáneo del objeto consumido”, dice el autor.
Otra de sus ideas es que “el consumismo no es acumular bienes (quien reúne bienes debe cargar también con valijas pesadas y casas atestadas), sino usarlos y disponer de ellos después de utilizarlos a fin de hacer lugar para nuevos bienes y su uso respectivo. La vida del consumidor invita a la liviandad y a la velocidad, así como a la novedad y variedad que se espera que éstas alimenten y proporcionen. La medida del éxito en la vida del homo consumens no es el volumen de compras sino el balance final”.
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