“Espero sembrar semillas de conciencia”, afirma Francisco de Amorrortu en “La mirada del colibrí”, un documental que a través de la quijotesca lucha del personaje contra la construcción de barrios privados en los humedales de la zona de Buenos Aires, retrata el “comportamiento autodestructivo” del hombre.
Así afirma Pablo Leónidas Nisenson, director del trabajo que se encontró con Francisco mientras investigaba sobre el desastre ambiental causado en Escobar por desarrolladores inmobiliarios. Así “doy con Francisco”, dice Nisenson, “que hace más de veinte años que hace dos cosas: demanda a quienes están inclumpliendo y a la vez investiga sobre la vida de los ríos”.
Francisco sostiene que los humedales no son tierras descartables sino “fundamentales para el funcionamiento de los ríos. El río es sus territorios adyacentes: cuando desaparecen porque se construye, el río empieza a morir”
No es difícil imaginar el efecto, entonces, de 60 urbanizaciones en la cuenca baja de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, según el protagonista “aguas bendecidas por el sol”, que dejan escuchar su “melodía natural”, 45.000 hectáreas de los antiguos bañados del Paraná por las que ha elevado 30 causas hasta la Corte Suprema provincial en la última década y media.
El eje del trabajo de Francisco y del documental, ambos esfuerzos quijotescos, está puesto en cómo los humedales de la zona de Nordelta, los municipios de Pilar y Escobar y sus zonas vecinas, invadidas por la construcción de barrios cerrados, vienen generando reacciones naturales: las más visibles en forma de inundaciones que, insiste De Amorrortu, terminarán corrompiendo no solo el curso de las aguas sino la fauna, la flora y el clima.
“La película da algunas pistas para tomarla como una metáfora del modo en que el ser humano se comporta con el planeta”, explica el cineasta sobre un comportamiento que define como “autodestructivo: la película termina con esta idea de que es el ser humano el que está jodido. Sin el ser humano, el planeta en 500 años vuelve a ser quien fue”.
“Estamos teniendo actitudes perjudiciales pero sobre todo suicidas”, insiste Nisenson, y aunque acepta que la conciencia verde se ha expandido en los últimos años, desconfía de la resistencia real que ofrecen estas voces a “los mensajes hegemónicos”.
“El marketing los vende como lugares sustentables en contacto con la naturaleza, pero en realidad están arruinando este ecosistema esencial que es el humedal”, explica Nisenson, y afirma que ese marketing es empujado por el dinero para publicitarse en las vidrieras masivas de los medios.
“Las voces que se alzan siempre parecen que quedan chicas, que hay que estar remando contracorriente”, dice el documentalista que, sin embargo, elige embanderarse con esa lucha y poner su cine “al servicio de una causa justa: queremos que a cualquiera, aunque no sea un especialista ambiental, el documental le llegue como cualquier obra, desde lo emocional, y a partir de ahí poder transmitir conceptos. En ese sentido la película se plantea un poco lo mismos que Francisco, sembrar semillas de conciencia”, explica.
¿Es una misión utópica? Nisenson acepta con una risa algo resignada pero contenta que probablemente sí, particularmente porque su obra se exhibe en una sola sala en capital federal (el Gaumont) tras lo cual, tras pasearse por las salas INCAA del país (como nuestro Cine Select) y ofrecerse durante un mes en la plataforma on demand del Instituto, Cine.Ar, disponible mediante un alquiler de $30: ventanas sin el alcance masivo de cualquier tanque que copa la cartelera comercial.
Con esa realidad de la industria también chocó Nisenson, quien buscaba la semana pasada una sala comercial en la zona norte, “donde hay muchas organizaciones ambientales”, dispuesta a pasar su película. “Los llamo, pero me dicen que ahora estrena ‘Annabelle’”, afirma resignado sobre la película más taquillera del fin de semana (ver Pág. 2).
“Pero no cambio ‘La mirada del colibrí’ por una película con Darín que se estrene en 200 salas, porque siento que el cine es una tarea demasiado compleja, y para llegar a hacer semejante cosa para contar algo que no te interese visceralmente para mi no tiene sentido hoy, aunque quizás alguna vez lo tuvo para mi. Hoy, siento orgullo de estar haciendo exactamente la película que quiero”
Para recordar:
QUE: “La mirada del colibrí”
Cuando: Hoy a las 13.50 y a las 20
Donde: Cine Gaumont, Rivadavia 1635
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