Valeria Ríos es una platense que hizo, por décadas, infructuosas gestiones para conseguir su Documento Nacional de Identidad (DNI). Su vida era un drama permanente porque no podía realizar los trámites más básicos. En mayo pasado su caso se contó en las páginas de este diario y, días después, finalmente le entregaron el DNI.
Valeria nació en el hospital de Melchor Romero. Desde aquel 22 de noviembre de 1982 hasta este año pasaron cinco administraciones municipales, siete provinciales y seis nacionales para las que la vecina virtualmente “no existió”. Recién en mayo pasado, como se dijo, después de largos años de gestiones infructuosas, obtuvo su primer documento nacional de identidad.
No contar con el documento nacional de identidad genera numerosos inconvenientes. Por ejemplo, una persona sin este documento básico no puede trabajar en blanco, ni de manera independiente, porque no se puede obtener número de CUIL ni CUIT; no puede acceder a beneficios de la seguridad social como la jubilación, la Asignación Universal por Hijo, ayuda por discapacidad, entre otros; no puede votar; no se puede casar; no puede tener licencia de conducir; no puede tener una cuenta bancaria; no puede salir del país; ahora tampoco puede ir a la cancha ni viajar en colectivo; si bien muchas escuelas permiten (deben hacerlo) el ingreso de alumnos indocumentados, en muchos casos no pueden otorgarles diplomas ni certificados de cursos completados.
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