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La vida es un camino

Por Redacción

Por DR. JOSE LUIS KAUFMANN
Monseñor

Queridos hermanos y hermanas.

La vida de todo ser humano es un camino que tiene su principio en el tiempo, y que en un breve recorrido se concluye con la muerte. Se puede vivir apenas algunas semanas en el vientre de la madre y perderse o ser desechado antes de ver la luz; pero en general se nace, se desarrolla, se crece, se instruye, se disfruta y se padece, durante años hasta el ocaso final. Considerado así, cabe preguntarse: si todo se termina con la muerte, si ese camino no conduce a otra parte, ¿para qué vivir?

Sin embargo, sabemos que somos un complejo compuesto de cuerpo y alma. Y, aunque la muerte sea cierta e inexorable, sólo es el medio eficaz para que el alma continué su existencia sin fin, por toda la eternidad. Cuando llegue el final del tiempo y todo sea transformado, los que hayan vivido haciendo el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan vivido haciendo el mal, resucitarán para la ignominia o la condenación (cf. Jn 5, 29). Por lo tanto, se vive para llegar a un destino definitivo, que puede ser bueno o malo, según la opción personal que se haya hecho.

Todo camino por el que se transita está marcado, señalado, limitado, y quien se sale de él no podrá llegar bien al destino sino que se perderá irremediablemente. La culpa no es del camino ni de las señales sino del transeúnte. Del mismo modo, en la vida de las personas, los que no observan las normas, indicaciones, leyes, preceptos, mandamientos… hacen el mal, aunque les resulte placentero, y nunca sabrán lo que es la verdadera felicidad ni serán felices, pero además tampoco podrán acusar a nadie sino que han de asumir que optaron por lo distinto, lo fácil, lo trivial, lo cómodo, que nunca los podía conducir a buen término.

Los que no observan las normas, indicaciones, leyes, preceptos, mandamientos… hacen el mal, aunque les resulte placentero, y nunca sabrán lo que es la verdadera felicidad ni serán felices

Dios nos ha hecho partícipes de su propia libertad y nos respeta como varones y mujeres libres. Por lo cual, si no hemos caminado en la Voluntad de Dios, no puede culparse a Dios de los deterioros de la conducta, ni del proceder erróneo y ajeno a los designios del Creador. Muchas enfermedades son secuelas directas del desvío humano, así como muchos accidentes viales son consecuencias de no haber observado las normas de tránsito.

Todo parece indicar que son muchos los seres humanos que pretenden una vida al margen de todo aquello que les impida hacer arbitrariamente lo que se les ocurra. Pero la especie humana no ha sido creada para eso y nada ni nadie podrán llegar a lo que es imposible.

El peor enemigo del individuo es su propia soberbia, su autosuficiencia, su prepotencia. Bien dice la Sagrada Escritura que el hombre fue hecho de la tierra, del humus; por lo cual si no vive su existencia en la humildad (cuya raíz etimológica es humus), en la abnegación y en la renuncia a sí mismo para que sea Dios quien viva en él, nunca será aquello para lo que existe.

Es cierto que todo esto no se entiende si no es desde la fe. Pero Dios todo lo hizo perfectamente bien, por eso nos ha concedido el don de la fe en el Bautismo. La fe la tenemos, pero somos libres para vivirla en una respuesta generosa.

Además, en el camino de la vida no estamos solos. Estamos rodeados de semejantes que se dirigen al mismo destino. Y todos tenemos por Camino al Señor Jesús, quien proclamó: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). En efecto, Jesús es el Camino porque nos conduce al Padre; es la Verdad porque nos revela al único Dios; y es la Vida porque la Vida Eterna consiste en conocer al Padre presente en el Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

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