El fútbol histérico no va más. En la cancha cansa, aturde, aburre y muchas veces hasta invita a cambiar de canal al que lo sigue por TV. Las actuaciones de algunos árbitros ayudan para que se generen situaciones como las vividas durante el partido entre Racing y Boca, un constante muestrario de protestas y actitudes reprochables. Pero de ninguna manera justifican tantos desbordes. Y atención que esto ocurrido la noche del domingo en Avellaneda no ha sido la única expresión descomedida del fútbol argentino.
Lamentablemente nos estamos acostumbrando a escenas del mismo temor en cualquier partido y por el motivo que sea. A tal punto llegan las exteriorizaciones contra los árbitros o los rivales que muchas veces las reiteraciones televisivas están mucho más enfocadas a esos episodios que al juego en sí. Sin ir más lejos quienes seguimos a través de la pantalla el choque más fuerte de última fecha de la Superliga recibimos más veces la escena de los reclamos de los técnicos al árbitro Herrera que los cuatro goles que sellaron el empate de académicos y xeneizes.
Clima caliente dominado por los nervios y la pérdida de la línea en muchos de los encuentros de la Superliga. Reclamos de todo tipo ya son parte de la escenografía habitual de nuestro fútbol, incluso hasta en acciones intrascendentes El espectáculo, muy feo y es justo insistir en que este no se trata de un caso excepcional. Ya se va tornando en moneda corriente a punto tal que el “cuarto árbitro” –uno de los “inventos” puesto en práctica con la aparente idea de ordenar el juego--, parece destinado a ser el receptor de la ira constante de los bancos de suplentes. El sufrido integrante del grupo arbitral se la pasa espantando reclamos, atajando improperios y explicando aparatosamente jugadas dudosas.
Así no hay VAR que alcance. Los errores de los jueces, por un lado, la permanente reacción de los protagonistas del juego que hasta cuestionan un saque de banda y el aporte permanente al descalabro desde los bancos de suplentes configuran un combo difícil de enderezar.
¿CUÁL SERÍA LA SALIDA A ESTE DIFÍCIL MOMENTO?
¿Penas más duras?, ¿Árbitros menos conversadores? ¿Un llamado general a la cordura? No hay certezas concretas en torno a cual debería ser la receta ideal. Por allí es un poco de cada cosa. Lo que ya sobrepasa todos los niveles es la proliferación de episodios que afean el espectáculo, lo quiebran, le hacen perder continuidad y relevancia. El fútbol es pasional pero cuando lo superan los excesos conviene tomar precauciones. Hay escenas que deben evitarse. Los responsables del tema tienen la palabra.
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