El misionero Andrew Brunson, privado de libertad durante dos años en Turquía, regresará a EEUU convertido en un símbolo para la base electoral religiosa del presidente Donald Trump, y después de haber puesto en jaque las relaciones entre Washington y Ankara.
Descripto por el mandatario como “un gran patriota”, Brunson provocó una de las peores crisis de los últimos años entre Turquía y EEUU, tradicionales aliados en la OTAN.
Las autoridades turcas detuvieron en octubre de 2016 a Brunson y acaban de permitir su liberación.
Brunson, su mujer, Norine, y sus tres hijos tendrán que abandonar para siempre la ciudad de Esmirna, donde el religioso llevaba 23 años viviendo y dirigiendo una pequeña congregación de una veintena de fieles, llamada Iglesia de la Resurrección de Esmirna.
Según el diario The Washington Post y la cadena NBC, Turquía y EEUU alcanzaron un “pacto secreto” para que Ankara liberara a Brunson, a cambio de que Washington levantara las sanciones sobre dos ministros turcos y aflojara la presión sobre la economía turca, golpeada por aranceles estadounidenses al acero y el aluminio.
La fiscalía había acusado al pastor de tener vínculos tanto con la guerrilla kurda de Turquía, el proscrito Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK), como con la cofradía islamista del predicador Fethullah Gülen, exiliado en EEUU y al que Ankara atribuye un fallido golpe en 2016.
La Justicia turca, sin embargo, rebajó los cargos contra Brunson y, gracias a eso, se ordenó su liberación. Esa corte lo condenó a tres años de cárcel por “vínculos terroristas”, pero el religioso no tendrá que ingresar en una prisión turca porque ha recibido crédito por el tiempo que ya ha estado privado de libertad, de manera que pronto emprenderá el viaje de vuelta a Estados Unidos.
Nacido en Black Mountain (Montana) en 1968, el clérigo será recibido en EEUU, donde asociaciones de la derecha cristiana lo consideran un ejemplo a seguir.
(EFE)
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