Hay un gol escondido. Que va de copa en copa, de trofeo en trofeo. Y lleva un grito inigualable que una tarde bajó de la tribuna bautizado en transpiración y nervios de domingo.
Hay un gol que sale de la historia y hace historia, aunque esté encerrado por un destino de madera y de cristales.
Su autor lo ha guardado un día, hace mucho tiempo, y toda vez que vuelve a encontrarlo entre tantos recuerdos suele desempolvarlo para traerlo a las caricias con las que lo alimenta para que siga vivo en la vitrina de su trayectoria y de su gloriosa camiseta.
Hay un gol que no puede escaparse por las ventanas de la habitación que lo atesoran, donde el sol que lo baña y lo besa sin medida lo transforma en acervo de museo, que no necesita de viejas sillas vigilantes sin inventariar.
Hay un gol escondido que no reclama grabadores para seguir estando en la casa, más allá del último suspiro de su dueño.
Texto: Teodoro Frejtman
Imagen: Cubo Rojo
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