El sínodo sobre la juventud, que acaba de concluir en el Vaticano, emitió ayer un documento en el que los obispos abogan por dar más voz a las mujeres, combatir los abusos desde la raíz “con métodos rigurosos” y otros temas espinosos para la Iglesia católica.
El texto final del encuentro, que duró tres semanas, deja en claro la división de la Iglesia en temas como la homosexualidad y contiene un reconocimiento expreso de culpa por décadas de encubrimiento de abusos por parte de religiosos.
Los escándalos de abusos sexuales en Chile, Estados Unidos, Alemania y Australia colocaron a la institución católica en una situación delicada.
En la declaración final, el papa Francisco criticó una suerte de “persecución” a la Iglesia: “Ahora se nos está acusando muy fuerte”, dijo, aunque evitó mencionar el tema de los abusos.
“Continuamente se denuncia a la Iglesia para ensuciarla. Pero a la Iglesia no hay que ensuciarla. Nosotros, los niños, somos sucios, pero la madre no lo es”, añadió el Papa, y señaló que por ello “hay que defenderla del diablo”.
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