Diecinueve películas componen la filmografía rebosante de vitalidad y melancolía de Fellini, y entre ellas, algunas de las películas indispensables para la cinefilia: filmes como “La Strada”, “La dolce vita”, “Ocho y medio” o “Amarcord” dejaron una huella indeleble en la mente de quienes los vieron.
“La Strada”, estrenada en 1954, fue su primera gran obra, la que le daría el reconocimiento de crítica y pública, el primer Oscar a la mejor película en lengua no inglesa -también fue nominado como guionista-, así como el León de Plata al mejor director en el Festival de Venecia.
Esa extraña, a ratos violenta y a ratos enternecedora, pareja que formaban Zampanò (Anthony Queen) y Gelsomina (Giuletta Masina), son el ejemplo más prefecto del particular mundo de Fellini, de su forma especial de mirar el cine y el mundo que le rodeaba, aunque aquel joven Fellini todavía ataba su vuelo onírico a la estética neorrealista italiana que lo rodeaba.
“La Strada” puede verse en el servicio on demand Qubit, donde también se muestran otras indispensables de Fellini como “La Dolce Vita” y “Ocho y medio” (además del indispensable documental “Fellini: soy un gran mentiroso”), dos películas cuyas imágenes, protagonizadas por el álter ego de Fellini, Marcello Mastroianni, quedaron marcadas a fuego en la historia del cine, al igual que sus sonidos: una relación imprescinidble para entender el cine de Fellini, como también lo fue la música que Nino Rota compuso para sus películas.
Rota empezó a colaborar con Fellini desde su segunda película, “El jeque blanco”, y durante 24 años compuso las bandas sonoras de cada uno de sus trabajos, hasta “Casanova”, en 1976.
Su música romántica, ligera, alegre y con un punto patético se acomodaba a la perfección no solo con las historias que cuentan las películas de Fellini, sino con el tono y el estilo que el director daba a sus narraciones.
“Cuando tengo una idea bastante clara de la película que estoy haciendo, incluidos los detalles, el trabajo con Rota se efectúa exactamente igual que la elaboración del guión. Me pongo cerca del piano en el que se instala Nino y le digo exactamente lo que quiero”, exlicaba Fellini de su forma de trabajar con el compositor.
Y de esa colaboración surgieron melodías tan maravillosas como la de las fanfarrias de “La Strada”, los violines de “Amarcord” o la mezcla de batería, guitarra, órgano e incluso xilófono de “La dolce vita”. Pero, sin duda, si hay que poner una banda sonora al cine y a la vida de Fellini será la de “Ocho y medio” con esa fantástica mezcla de trompeta, flauta y todo tipo de instrumentos de viento para construir una música circense, ruidosa, alegre y, sobre todo, muy especial. La misma que suena en la apertura del programa de Susana Giménez.
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