A punto de cumplir 80 años y todavía con varios proyectos en desarrollo, falleció, en esta ciudad, Josefina Randazzo. Su ausencia deja entre quienes la conocieron el recuerdo de una mujer entusiasta, de profundas inquietudes intelectuales y siempre dispuesta a la organización de grupos generadores del bien común.
Josefina Manuela Randazzo había nacido el 18 de noviembre de 1938. Hija de un inmigrante de origen siciliano -Calogero Randazzo- y una ciudadana uruguaya -Carmen Miguez- fue la mayor de tres hermanos, pues la siguieron José (fallecido) y Andrés. Con el menor de ellos mantuvo una estrecha relación toda la vida, tanto que él vivió en diferentes países y ella nunca dejó de visitarlo.
Realizó los estudios primarios y secundarios en el Colegio Misericordia. Con el título de maestra ejerció la docencia unos años en una escuela de El Pato, cuando todavía la localidad de Berazategui era una muy poco poblada zona rural.
Contrajo matrimonio con Francisco Rodríguez Cometa y tuvo dos hijos, Alejandro -diseñador industrial- y Gabriela - diseñadora gráfica e ilustradora infantil que reside desde hace muchos años en Italia-.
Durante años se dedicó por entero a atender las necesidades de su hogar.
A los 43 años, luego de enviudar y de sentir ya la labor cumplida en cuanto la educación y el cuidado de sus hijos, se lanzó a la aventura de estudiar, y fue así que se recibió de Psicóloga Social en la Escuela de Enrique Pichón-Rivière. No tardó tampoco en comenzar a trabajar, ya desde su flamante profesión. Fue una pieza clave en el armado de grupos de distintos ámbitos de la educación, el arte y la cultura, como en la cátedra de Muralismo de la facultad de Bellas Artes y el Club Aconcagua, donde formó un taller de “Reflexión recreativa” para adultos mayores. De gran vitalidad e inquieta, condujo, asimismo, un programa de radio.
De excelente humor, muy sociable y activa, generosa desde lo material hasta lo espiritual, fue una psicóloga social que dejó como legado las mejores enseñanzas.
Viajera incansable, disfrutó de cada proyecto que emprendió en esa dirección, ya sea al visitar a su hija en Italia como al hacer turismo con sus amigas.
Adoró a sus a sus cuatro nietos (Lisandro, Joquin, Francisco y Francisco) y mantuvo con ellos un vínculo de intensa unión.
Los últimos años los compartió con su compañero inseparable, Hugo Ottaviani.
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