La Plata, dicen, aspira a convertirse junto con la ciudad de Buenos Aires, en Patrimonio Arquitectónico y Cultural de la Unesco y, para tal fin, acaba de presentar tal aspiración de manera conjunta con la vecina capital del país. Ya hubo, en anteriores gestiones municipales, iniciativas similares que, invariablemente, terminaron en fracaso.
No parece haber aprendido la Ciudad de los errores del pasado, ni tampoco se ha percibido una voluntad oficial de hacer partícipe, o de involucrar seriamente a la ciudadanía en su conjunto en una empresa de tal fuste. Más bien daría la impresión de que cuando se habla de emprendimientos de este tipo, prevalecen las mezquindades individuales por sobre el bien común.
También y desde tiempos casi inmemoriales, se habla de la necesidad de transformar a La Plata en un atractivo destino para el miniturismo, o el turismo de fin de semana.
La profusión de recitales y de eventos deportivos de vuelo internacional en el Estadio Único, sonaba como una inmejorable oportunidad para posicionar a la Ciudad frente al gran público, especialmente el capitalino.
Pasó el tiempo y a ojos vista, ni el rugby de Los Pumas, o el seleccionado nacional, los Rolling, U2, Paul McArtney y Roger Waters entre otros, han servido para mostrar un notorio aprovechamiento de esas oportunidades. Puede sonar casi chauvinista, pero recuerden que Mick Jagger y Roger Waters creyeron estar tocando en la ciudad de Buenos Aires. Parece que nadie se encargó de hacerles saber que el saludo debía ser para La Plata, al menos por cortesía.
“Nadie parece interesado en aprovechar la estampida de porteños acorralados por el blindaje del G20”
Hoy por hoy, los centenares de miles de asistentes a encuentros deportivos o recitales, prefieren la amansadora del regreso por autopista, a una noche de descanso entre las diagonales.
La falta de hotelería de calidad fue uno de los argumentos con los que, también durante mucho tiempo, se intentó justificar la carencia de proyectos serios para potenciar las cualidades turísticas de la Ciudad.
Un nuevo hotel ha sido inaugurado hace pocas semanas. El 5 de diciembre -días más, días menos- según dicen, estará abriendo sus puertas otro, en este caso de cinco estrellas (sería el primero de esas características en la capital de la Provincia) y al menos otros tres avanzan en su construcción, pese a la crisis.
Pero la falta de ideas o de proyectos serios basados en una política de Estado tendiente a motorizar el turismo local, habrá de quedar patentizada, una vez más, durante el próximo fin de semana, cuando el G20 se reúna en Buenos Aires y en aquella ciudad prácticamente no se pueda salir a la calle.
Cuando la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich les dijo a los porteños aquello de que “el que se pueda ir de la ciudad, que lo haga”, dejó en evidencia, al menos dos cosas importantes: primero, el desatino de la funcionaria y segundo, la oportunidad que se le presentaba a La Plata para “capturar” o atraer a todos aquellos que, en apenas 40 minutos de autopista, podrían acceder a un fin de semana distinto y sin blindaje.
No hubo -ni habrá, por lo que EL DIA pudo saber- una campaña para aprovechar la estampida de porteños acorralados por el blindaje del G20 en el particular fin de semana que se acerca.
Hoy por hoy, no es tan difícil -ni costoso- llegar de manera inmediata a los celulares de millones de personas, a través de Twitter, Instragram, Facebook, o cualquier otra red social. Con un simple “Vení, que estás en casa”, seguido por tres o cuatro sugerencias, habría alcanzado.
Atractivos, que se sepa, no faltan. La República de los Niños, el Museo de Ciencias Naturales, el Planetario del Observatorio, la Catedral, Plaza Moreno, el eje Monumental, desde 1 hasta 14, el polo gastronómico de calle 5 y el pujante centro comercial de Cantilo, en City Bell, -por sólo mencionar a los tradicionales- están allí. Meridiano V, con su cocina de autor, con la cultura de sus músicos, escritores y poetas también merecen -y esperan- tener su lugar.
Sólo falta que alguien se ponga a trabajar en serio para que La Plata recupere el prestigio que supo tener. La ciudad y su gente, se lo merecen.
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