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Adriana Brodsky y Matías Alé: Dos agradecidos a la vida

adriana brodsky y matías alé pasaron por la redacción de el dia para promocionar “mi mujer se llama mauricio” / césar santoro
adriana brodsky y matías alé pasaron por la redacción de el dia para promocionar “mi mujer se llama mauricio” / césar santoro
“huevo” mÜller y germán kraus en “mi mujer se llama mauricio”
“huevo” mÜller y germán kraus en “mi mujer se llama mauricio”

Por Redacción

Llegan a La Plata con “Mi mujer se llama Mauricio”. En diálogo con EL DIA cuentan que se sienten bendecidos por las oportunidades que se siguen abriendo en sus carreras

A pesar de sus perfiles de carrera diferente, Adriana Brodsky (62) y Matías Alé (41) coinciden en el escenario en la comedia del francés Raffy Shart “Mi mujer se llama Mauricio”, aunque coinciden también en algo más profundo y personal al sostener, los dos, que la vida les ha dado más de lo que imaginaron alguna vez.

En el marco de una gira nacional previa al próximo debut en Mar del Plata, en donde hará temporada desde el 15 de diciembre en el teatro Santa Fe, la pieza dirigida por Ernesto Medela, que incluye además las actuaciones de Germán Kraus, Alejandro “Huevo” Müller, Matías Santoianni y Kitty Locane, llegará mañana a las 20 a La Nonna, 3 esquina 47, con una propuesta desopilante, de humor blanco y familiar, en la que los enredos están a la orden del día.

En la historia, George y Marion son un matrimonio de clase media acomodada que llevan varios años casados pero que están en medio de una crisis, hasta que un día aparece Mauricio, miembro de una entidad llamada “Ayuda Fraternal”. Mauricio intentará ayudar a George ante los muchos problemas pero en vez de solucionarlos lo que logra es que se desaten muchos cómicos enredos que llevarán a un final inesperado.

Felices con la convocatoria que la propuesta ha tenido en los últimos meses siendo parte de la programación del porteño teatro Premier, Matías Alé y Adriana Brodsky, en su visita a la redacción de EL DIA, destacan el carácter popular de la comedia, en tanto elenco, variado y con figuras para todos los públicos, pero por sobre todo en relación al precio, con entradas más económicas que la media teatral. También tienen palabras de elogio para el texto (“es excelente”), la escenografía (“es maravillosa”) y el vestuario (“muy hollywoodense”).

Según la actriz, quien supo ratonear a la platea masculina de los ochenta de la mano de su inolvidable personaje de “Bebota” que hacía en el sketch “El Manosanta” con el Negro Olmedo, lo que más le atrajo de esta propuesta fue el papel que le propusieron, uno que por primera vez en sus más de 30 años de trayectoria la corría del lugar de femme fatale.

“Hago de esposa de Germán Kraus, una señora como lo que soy hoy, algo que nunca había hecho en mi vida. Después de mil años yo ansiaba mucho tener otro tipo de personaje. Y llegó el momento, medio tarde, pero llegó al fin. Yo lo esperaba hace tanto... Es maravilloso y me encanta”, cuenta la bella Adriana, una de esas figuras angeladas, que en su paso por la redacción regaló fotos por doquier.

Matías, el galán del elenco, por el que la platea se viene abajo cuando aparece en escena según advierte su compañera, es simpático y natural, como se lo ve en la televisión. Aunque más alto de lo que parece. Dice que tuvo en cuenta a la hora de decir que sí a sus compañeros, al productor y a la plaza porteña, donde se ofreció. “Me incentivó mucho el tema de trabajar con Aldo Funes, con Alejandro Müller, por ejemplo, que para esta altura es prácticamente un hermano. Además me dio una gran satisfacción estar en calle Corrientes, en esas marquesinas. Y el hecho de verte rodeado de personas con las que uno creció y admiró, como Germán, a quien veía en ‘Dibu’ o Adriana, que la veía con mi papá”.

Alé, que viene de hacer dos temporadas en San Rafael, Mendoza, con “Mr. Amor”, y más recientemente con “Ellas Mandan”, toma en esta comedia un papel “chico” pero “intenso”, según cuenta. “Creen que yo soy el marido de la amante del marido de Adriana”, todo un embrollo, digno de los enredos que hacen desopilante a la acción en escena, “pero en realidad yo vengo a comprar un departamento”, anticipa, sobre su personaje, que es “un poco serio y un poco imperativo”, y con el que disfruta poder estar arriba de los escenarios, en contacto con el público: siempre, su cable a tierra.

-¿Cómo estás, Matías?

-¿Mi estado civil?

No pierde la picardía, su sentido del humor. Lo que nos interesa saber es cómo está de salud. Hace poco más de dos años vivió una de las etapas más difíciles de su vida cuando sufrió dos brotes psicóticos por los que estuvo en rehabilitación en la clínica Avril. Y a pesar de la gravedad de su cuadro, se recuperó.

“Estoy muy bien de salud, de hecho acabo de correr a mi psiquiatra, yo le digo ‘chapista’, porque la semana que viene me salió un viaje a Brasil, con mis amigos. Y voy bien. Veo el médico cada mes. Tomo una medicación muy suave para conciliar el sueño a la noche. No tuve ninguna recaída, tengo una vida normal. Me mudé solo de vuelta. Puedo manejar, puedo vivir solo. Volví a la normalidad...”, detalla. Se lo nota tranquilo, en paz. Aunque su teléfono, durante la charla, no dejó de encenderse, trayendo al recuerdo esa anécdota inolvidable que contó años atrás en “Animales Sueltos” sobre su hilarante técnica para agendar conquistas...

“Doy fe que está bien”, suma Adriana, que tímidamente interrumpe el relato de Alé, y cuenta que es muy difícil, si uno no está bien, convivir con un elenco grande, en el marco de una gira, pero “él siempre se maneja de una manera tan amable, tan respetuosa, tan divertido, amoroso”. Él asegura que el apoyo de sus compañeros, su solidaridad, hace todo mucho más fácil.

LOS CAMBIOS DE ÉPOCA Y EL HUMOR

La charla se vuelca hacia el pasado y los cambios en las maneras de hacer humor. Adriana dice que las formas con las que antes se hacían reír, y de las que ella ha sido parte, “no están bien vistas y tampoco se podrían volver a hacer ahora”. Asegura que todo este cambio de paradigmas tiene que ver con que “vamos evolucionando y vamos viendo de pronto cuáles son los movimientos que aparecen y en base a eso, hay cosas que se descartan y otras que vamos aceptando”. Y se anima a imaginar que “si el Negro estuviera vivo seguramente estaría inventando otra cosa”. Pero no él porque, según aclara, Olmedo “siempre fue una persona muy respetuosa de la mujer. Ni él ni su entorno tenían este tema. Hoy no se hubieran reformado porque siempre fueron respetuosos. Sí se hubiera reformado la comicidad”.

Atesora aquellos años en una cajita de cristal. “Empecé en el 82, y ahora voy a cumplir 63 años en diciembre, hace tres décadas que se murió el Negrito y siento que pasaron cien años. Pero estoy feliz, agradecida, todo el tiempo. Siento que tengo más cosas que las que aspiré toda mi vida”, reconoce Adriana, humilde.

Para ella, “no hay nada peor en la vida que no saber dónde estás parado” y opina que, a pesar de los malos augurios, el universo artístico le ha dado más de lo que imaginaba. “Cuando yo no conocía al medio, me decían que era terrible, que era como una especie de tabú. Yo me di cuenta de que nada que ver. He sentido más miedos en mi vida, que cuando empecé a trabajar. Realmente la vida a mí me apaleó más que el medio: el medio me mimó todo el tiempo”.

Por eso, cuenta, no es de las que les molesta haber sido encasillada con un personaje, su “Bebota”, ni sus líneas, “maestro, maestro”. Ella reflexiona: “¿Cómo me va a pesar algo que me dio tanto? Yo tendría que estar re loca. Es imposible”.

Matías, cuyos años más gloriosos se remontan a su pasado en la pista de Tinelli donde se metió en el bolsillo de la gente contando chistes tontos o de los de ¿cómo se llama la obra?, siente lo mismo. “La vida fue muy generosa conmigo. Yo hace 22 años que estoy pelotudeando en el medio, y es como que la gente todavía no se avivó”, dice entre risas, aunque se pone serio: “Yo trato de no ir mucho ni al pasado, porque me da nostalgia, ni al futuro porque me angustia no saber qué va a pasar. Recién ahora estoy aprendiendo, con los años de terapia, a vivir el presente, a conectarme con el ahora”.

tiempo de balances

Y en este presente, para Matías, todo es agradecimiento. Insiste con que su carrera le dio más de lo que esperaba, como Brodsky. “Yo nunca me imaginé que iba a transitar todo este camino”, dice Alé, cuyo remedio, para cuando está triste o fuera de foco, es poco convencional entre los artistas: Se mete en un shopping, un domingo, a las tres de la tarde. ¿Para comprar? No. “Para encontrarme con la gente”, confiesa, y revela que “el contacto con el público me reenergiza, me hace bien, me hace bajar a la tierra”. A veces, sin que lo vean, busca el contacto en lugares más vulnerables, como hospitales, por ejemplo. Son conexiones que lo hacen dar cuenta por dónde pasa la vida, cuál es el sentido real...

“¿De qué te quejás? Me levanto y digo ‘puta, qué linda vida que tengo, qué generoso que ha sido el universo conmigo’”, analiza Alé, y Brodsky agrega: “Pasa que el ser humano es así, hasta que no le pasa algo no se da cuenta de nada”.

-¿Qué aprendiste con todo lo que te pasó, Matías?

-Si no me hubieran pasado estos dos años no sé si la hubiera contado. Seguramente, en la vorágine y en la velocidad en la que yo vivía me hubiera puesto un palo en la moto, en el auto, hubiera hecho cualquier locura. Este tema de salud que yo tuve lo veo ahora como una enseñanza de la vida. Fue un posgrado de vida. Yo antes me levantaba y arrancaba el día, y no agradecía. Ahora me levanto, no me duele nada, y digo ‘puta, qué lindo’, me puedo lavar los dientes, tengo mi motricidad fina funcionando, mi cabeza me ayuda a estar mejor. De un día para el otro se me voló la chapa. Por eso sos consciente después cuando estás bien. Hay que saber frenar a tiempo. Y agradecer. Siempre.

“Hace 3 décadas que murió el Negrito y siento que pasaron mil años. Pero estoy feliz. Tengo más cosas que las que aspiré siempre”

Adriana Brodsky

“Todo lo que me pasó lo viví como un posgrado de vida. Ahora soy consciente de muchas cosas. Me levanto y agradezco”

Matías Alé

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