Numerosas muestras de dolor provocó el fallecimiento, a los 63 años, del médico Héctor Marazzo, quien además de dejar su impronta en la labor de curar, por su carácter y su generosidad afectiva se granjeó la admiración y el cariño de todo aquel que lo conoció.
Héctor Jorge Marazzo había nacido en La Plata, el 1º de enero de 1955. Fue el hijo mayor del matrimonio del profesor de historia y fotógrafo Jorge Marazzo y Haydée Motta. Tuvo dos hermanos: Walter y Cristina.
La educación secundaria la repartió entre el colegio Vergara y el Normal 3. Recibido de bachiller, ingresó a la facultad de Medicina de la UNLP; se graduó y se especializó como médico clínico.
La mayor parte de su trabajo la desarrolló en la ciudad de Buenos Aires, pues integró durante largos años el staff de profesionales del Hospital Churruca, perteneciente a la Policía Federal. También tuvo una prolongada trayectoria en la atención de emergencias de una firma de servicios de ambulancias de La Plata. Además, contó con un consultorio en San Antonio de Padua (partido de Merlo, provincia de Buenos Aires), adonde viajaba regularmente para ejercer la profesión de manera independiente.
Se casó con Sandra Morimanno, con quien tuvo cuatro hijas: Maia, Antonella, Julieta y Luisina. Fue un padre orgulloso que supo dar buenos consejos y que se destacó por su entrega incondicional.
Marazzo era dueño de una personalidad convocante; era divertido y vivía haciendo bromas; de risa fácil, contagiaba buen humor a su alrededor.
Compatibilizó muy bien sus actividades y sus gustos, pues puso en los lugares prioritarios de la agenda personal sus obligaciones de médico, la satisfacción de compartir momentos con la familia y la alegría de reunirse con amigos.
En el trabajo se brindó sin condiciones, ya que no sólo fue un apasionado de la tarea cotidiana sino que siempre estuvo rodeado de personas que lo hicieron sentir muy querido.
Solidario y de gestos nobles, entre sus innumerables virtudes sobresalió el hecho de que siempre estaba atento al otro y dispuesto a ayudarlo en lo que sea. Se preocupaba por sus afectos más cercanos y por el prójimo, pero siempre sin esperar nada a cambio.
Disfrutaba, además, del cine, y era un entusiasta lector. Julio Verne fue su autor preferido.
Los momentos más dichosos de los últimos años los vivió en compañía de su adorada nieta, Amanda.
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