Las elecciones intermedias de Estados Unidos son el martes 6 de noviembre. En ellas, Donald Trump estará sometido a una prueba de popularidad que afectará a la segunda mitad de su presidencia.
Aunque lo más importante es que son unas elecciones legislativas, EE.UU. somete a votación otros cargos de alta o menor importancia.
En estas elecciones de medio término, los estadounidenses deciden:
- los 435 escaños de la Cámara de Representantes (lo equivalente a los diputados que representan a los distritos de cada estado);
- 35 bancas del Senado (en total, tiene 100 escaños);
- 36 gobernadores estatales,
- y cientos de cargos públicos estatales y municipales.
Los resultados de la votación de representantes y senadores definirán si los Demócratas o Republicanos controlan cada una de las cámaras del Congreso de Estados Unidos.
Tras las elecciones de 2008, el Partido Demócrata alcanzó el control de 32 gobernaciones, pero tras la gran victoria republicana de 2010 se invirtió el equilibrio de poder y los conservadores tomaron el control de esa misma cifra, un cambio drástico que se ha mantenido durante el resto de la década.
Es por eso que los demócratas ven en estas elecciones una oportunidad única para equilibrar la balanza, y según las encuestas tienen serias posibilidades de arrebatar entre seis y nueve gobernaciones a los republicanos, lo que casi repartiría por igual el poder ejecutivo sobre los 50 estados.
Aunque esas batallas, junto a los asientos estatales y locales, pasan más desapercibidas que las vinculadas a cargos federales en la Cámara de Representantes y el Senado, el papel de los gobernadores es fundamental por varias cuestiones clave en la forma de distribución del poder en la nación.
"La redistribución de distritos (electorales) será en 2021-22, y la mayoría de las personas elegidas este año estarán en el cargo en ese momento. Los demócratas se despistaron en 2011-2012 al volver a dibujar las líneas, y no pueden darse el lujo de dejar que eso vuelva a suceder", afirmó el experto.
Se trata de la práctica conocida como "gerrymandering", mediante la cual el mapa de los distritos congresionales de cada estado tiene que volverse a trazar cada diez años en base al censo de población; una prerrogativa que en ocasiones tienen las autoridades del estado, aunque en otras se delega a comisiones independientes.
Así, muchos de los gobernadores, como máximo poder ejecutivo de cada estado, podrán intervenir en ese proceso de redistribución territorial que según se planee puede beneficiar a un partido u otro dependiendo de la demografía.
En resumen, ganar las gobernaciones puede serun paso previo a modificar los distritos, a favor del partido propio, con el objetivo a largo plazo de poder controlar con mayor facilidad la Cámara de Representantes.
"Los gobernadores desempeñan un papel importante en el control del proceso de redistribución de distritos de sus estados y los republicanos han tenido éxito en la gestión de la distribución injusta del Congreso", apuntó en declaraciones a Efe el portavoz del Comité Nacional Demócrata (DNC) Enrique Gutiérrez.
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