Una inusual invitación al presidente de Corea del Sur para visitar Pyongyang marcó ayer la segunda jornada de la visita de una delegación de altos cargos norcoreanos al país. La iniciativa se enmarca en un acelerado deshielo diplomático que incluyó más apretones de manos, una comida con licor coreano y la potencial alegría compartida de ver a un único equipo representando a las Coreas en la competición de hockey de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Por el momento no se ha concretado nada sobre la visita del dirigente surcoreano, Moon Jae-in. Pero el mensaje verbal, que llega en un “momento conveniente” para el líder norcoreano Kim Jong-un y que fue entregado por su hermana, Kim Yo-Jong, forma parte de una repentina oleada de sentimientos positivos entre las dos naciones durante los Juego de Pyeongchang. El resultado: Una situación embriagadora y en ocasiones surrealista en una Corea del Sur que se ha visto más amenazada que atraída por el Norte.
Sin embargo, no sería Corea del Sur si la gente no se hiciese la pregunta cuando se trata de su vecino del norte cambiando de actitud y mostrando un aparente efecto hacia su vecino.
En el pasado, iniciativas de este tipo fueron interpretadas como que Corea del Norte intentaba recuperarse de las severas sanciones a su programa nuclear, o intentando abrir una brecha entre Seúl y su aliado Estados Unidos, que esta vez parece haber alcanzado. (EFE).
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