Mucho más que limonada

El 1-0 sobre San Lorenzo fue la mejor actuación tripera en mucho tiempo. Intensidad, sacrificio, solidaridad y orden para maximizar el funcionamiento del equipo, las claves de la victoria. Sava es una brisa de aire fresco que demuestra que se puede hacer bastante con limones y que todo "es perfectible".

Primero y principal, algo debe quedar claro: Gimnasia no tiene un buen plantel. Doce o trece jugadores, muchos pibes (algunos no serán jugadores de Primera División) y pocas soluciones explican la situación actual. Estar alrededor del decimoctavo lugar en la tabla de posiciones no es obra de la mala suerte, sino el fruto de una constante desvalorización del plantel que excede por mucho al último mercado de pases, más allá de que la ecuación (Pereyra+Barrales)-(Mazzola+Ibáñez) haya dejado un saldo negativo. Esto viene de arrastre. Malvender para tapar agujeros y cambiar figuritas (afuera Álvaro Fernández para que llegue Bottinelli es apenas un ejemplo) provocó pérdida de cantidad y calidad de futbolistas, que se potencia cuando se piensa exclusivamente en números. Difícilmente salga bien la llegada de un jugador de la segunda del fútbol malayo.

Es tiempo de administrar pobreza, no solamente en la tesorería. Hoy Gimnasia no tiene la base que encontró Timoteo Griguol en el '94 ni la estructura de fútbol infanto-juvenil de fines de los '90 y principios de este siglo.Hay unos pocos jugadores de real jerarquía y el resto para pelearla. De todas maneras, el actual entrenador parece estar lejos de la sensación de inferioridad del ciclo Alfaro ("hay cosas que son perfectibles con trabajo y otras que no", decía) pero, con los pies sobre la tierra, igualmente lejos de la quimérica intención de Mariano Soso de formar un equipo fácilmente reconocible por una intención de juego. Es ideal. No pudo ser ahora.

Facundo Sava llegó, vio y decidió. Pragmático, apuntó a fortalecer defensivamente al equipo. Esfuerzo, sacrificio, presión, tratar de juntar a los buenos. Sentido común, más allá de que se le puedan cuestionar decisiones como a cualquier entrenador, porque se elige a partir de gustos personales. Frente a San Lorenzo, colectivamente se jugó cerca del techo. Le ganó bien a uno  de los escoltas de Boca y para ello jugaron en muy buen nivel más de la mitad de los titulares y el resto no desentonó. Esta victoria no implica un quiebre en la campaña, que no se dio cuando el Lobo goleó a Vélez o derrotó a River en el semestre pasado. Tal vez siga la irregularidad. Seguramente, lo que resta no es un paseo por El Rosedal.

Gimnasia ya está jugando la temporada 2018/2019. Cada punto sirve para no meterse en problemas de promedio que hoy son lejanos, como lo eran tras los 69 puntos de Troglio en 2006. Sabemos como siguió escribiéndose la historia, por eso no debe tropezarse otra vez con piedras similares. Hay que "pasar el otoño", barajar y dar de nuevo, con un norte claro: cambiar quince jugadores es el modelo Quilmes, que de exitoso no tuvo nada. No se debe achicar presupuesto a cualquier costo, porque esto es un Club y no una empresa. Si perdés siempre, si achicar implica poner en riesgo la permanencia en primera, el concurso de acreedores será una espada de Damocles. Los derechos de TV pagan el presupuesto del fútbol, pero son los derechos de primera división. Y "cortar" contratos de 200 para traer jugadores de 100 es una timba en la cual lo más probable es que el croupier te deje jugado y sin fichas.

El análisis no implica que no haya que cambiar. Al contrario. Hay ciclos cumplidos y ciclos por cumplirse, hay pibes que van a dar el salto y otros a los que esperar (Lautaro Chávez, Sebastián Cocimano, Matías Miranda) porque los brotes no se cortan antes de tiempo y es imprescindible que crezcan al lado de guías y modelos. Identidad y pertenencia no deben ser lindas palabras en letras de oro en libros o discursos. 

En ese brete está el Lobo. Por ahora, hay que sumar. No queda otra. Y después del Mundial, ver si hay otro Gimnasia.