Trabajador infatigable; dedicado por entero a la docencia; y en lo personal muy apegado a los suyos; falleció, a los 70 años, Adelino Guzmán Guzmán.
Había emigrado de España cuando era muy chico. Nacido en el pueblo de Oencia, provincia de León, el 15 de abril de 1947, llegó a nuestro país, concretamente a Berisso, junto a sus padres -Antonio y Florentina- y sus tres hermanos mayores. Tenía 4 años cuando se estableció en la Región.
Cumplió la educación primaria en la Escuela 8 de Berisso y siguió el nivel secundario en el colegio industrial Albert Thomas. Muy estudioso, metódico y aplicado, se recibió de técnico electricista en el tradicional establecimiento de la avenida 1 e ingresó a la Universidad Tecnológica Nacional -UTN-, donde en los rigurosos seis años que dura la carrera se graduó como ingeniero electricista.
Si bien mostró interés por la práctica de la profesión (trabajó casi una década en Astilleros Río Santiago y varios años más en un emprendimiento similar, con sede en la capital federal, que luego cerró, hasta que montó su propia empresa donde ofreció trabajos para terceros) su principal vocación estuvo en la docencia, donde volcó toda su pasión. Testigos de ese entusiasmo tan particular que le despertaba la enseñanza fueron varias generaciones de estudiantes de la UTN. En esas aulas impartió, primero como ayudante y finalmente como profesor asociado ordinario, los contenidos de Medidas II.
Casado con Rosa Eufemia desde junio de 1973, formó con ella una familia unida, de vínculos muy sólidos. El matrimonio tuvo dos hijos, Evelín e Ignacio, a quienes supo guiar con la palabra y la acción de un padre entregado y responsable. Después, con los años, se convirtió en abuelo, un rol que disfrutó a pleno en cada etapa de sus tres nietos: Tomás, Felipe y Agustín.
Heredero de las tradiciones de España, aunque se arraigó firmemente a este país, se mantuvo siempre ligado a la cultura de sus mayores. En La Plata solía participar, junto a su mujer, de las paellas y los eventos sociales de la colectividad, sin distingos de las representaciones de las autonomías regionales, y además, no bien veía la posibilidad, viajaba a su pueblo natal.
Fue un fervoroso hincha de Gimnasia y no perdió oportunidad de asistir a la cancha para seguir de cerca al club albiazul, del cual era socio vitalicio.
De carácter alegre, con la sonrisa fácil, y buen conversador, en su entorno no se olvidará la calidez que lo caracterizaba.
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