La autopsia realizada a Jennifer Riordan, la mujer de 43 años que viajaba en el avión Boeing 737 de Southwest Airlines que se dirigía de Nueva York a Dallas con 149 personas a bordo cuando estalló una turbina en pleno vuelo, confirmó que la mujer murió debido a la fuerza de los golpes que recibió en la cabeza, el cuello y el torso tras ser succionada parcialmente cuando su ventanilla se quebró.
Tammie Jo Shults, la piloto considerada toda una heroína por haber podido aterrizar el avión en esas condiciones, y su copiloto, el primer oficial Darren Ellisor, señalaron ayer que “en nombre de toda la tripulación, apreciamos el apoyo desmedido del público y colegas mientras todos reflexionamos sobre la profunda pérdida de una familia”.
Riordan, madre de dos hijos y residente en Albuquerque, Nuevo México, estaba sentada en la fila 14 y llevaba colocado el cinturón de seguridad. Tras el incidente, una enfermera retirada, Peggy Phillips, comenzó a administrar a la mujer reanimación cardiopulmonar por unos 20 minutos, hasta que el avión aterrizó, pero igualmente Ellisor murió como consecuencia de las heridas causadas por el impacto.
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