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Wanda Kublinski

Por Redacción

Con el fallecimiento de Wanda Kublinski, Berisso perdió una vecina tan respetada como querida; una mujer que, impulsada por un espíritu por demás generoso, trabajó por el bien de varias instituciones.

Wanda Rosa Kublinski había nacido el 23 de agosto de 1939 en el seno de una familia de procedencia polaca y completó sus estudios en el Instituto Canossiano “San José”, de donde egresó con el título de maestra.

Ejerció la docencia en distintos establecimientos educativos de Berisso y concluyó su carrera como preceptora de la Escuela Media 1 de ese distrito. Con esa última función se jubiló.

De honda fe y concurrente de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, Wanda desplegó una amplia actuación en diferentes círculos de su comunidad, tanto que representantes de numerosas entidades berissenses despidieron sus restos destacando su valioso aporte.

Casada con el juez de Paz (ya retirado) Emilio Piesciorovsky, descendiente de ucranianos, Wanda no sólo participó con una incansable labor en la Unión Polaca de Berisso -creció imbuida de la cultura del país europeo- sino también fue socia y comprometida colaboradora de la Asociación Ucraniana de Cultura Prosvita.

Junto a su marido fundó el proyecto familiar frente al Ceye y con el club tan cercano sus hijos (fue madre de cinco) practicaron deportes a pasos de su casa, por lo que el tradicional espacio fue casi una extensión de su hogar. No sólo integró durante años el padrón de socios sino que además intervino en la vida de la institución dentro de la conducción. Una de sus últimas satisfacciones fue, en ese sentido, poder ver cumplido el sueño de la entidad de contar con el nuevo piso en la cancha de básquet, proyecto para el que ella puso todo su esfuerzo.

Le tocó vivir el peor tramo de su existencia hace un poco más de veinte años, con la muerte de su cuarto hijo, Alejandro.

Vivió, asimismo, innumerables momentos de plenitud junto a sus hijos Silvina (docente); Carolina (bibliotecaria); Emilio (ingeniero eléctrico); y Andrés (abogado). Encontró, además, en su marido, a un compañero irremplazable.

Fue también una abuela dichosa de poder compartir juegos con sus nietos Piuquén, Astor, Baltazar y Ernestina.

Llevó una visa social intensa, siempre vinculada a las artes, una de sus pasiones.

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