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Violeta Raquel Medvedoff

Por Redacción

El fallecimiento de la escribana Violeta Raquel Medvedoff provocó profundo pesar en diferentes ámbitos de la Región. Dueña de un excelente buen humor, que potenció con su gran sentido de la amistad, dejó su huella en familiares, amigos y de quienes la conocieron por su actividad profesional y su tiempo de maestra y preceptora de diferentes escuelas primarias.

Había nacido el 17 de octubre de 1935, en La Plata. Hija de Leonardo Medvedoff -reconocido médico en Berisso- y Ana Seigelschiffer, sembró desde pequeña numerosas amistades que con el correr de los años se transformaron en el pilar de su vida.

Realizó los estudios primarios y secundarios en el Normal 1 y luego se recibió de escribana en la facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Ejerció la profesión en forma independiente, ámbito en el que trabajó con diferentes instituciones y destacadas empresas de la Región.

Hasta que se casó con Eduardo Guillermo Featherston, en agosto de 1957, vivió en Berisso y se trasladaba en sulky a La Plata para dar clases en diferentes escuelas primarias. También ejerció como preceptora.

Tuvo tres hijos: Eduardo, Marcelo y Cecilia. Los dos primeros se recibieron de médicos y la hija se graduó en Psicología. También disfrutó de once nietos: Lucia, Agustina, Eduardo, Ana Clara, Juan Pedro, Violeta, Inés, Santiago, Carola, Vicente, Elías y dos bisnietos Justina e Indalecio.

Sus familiares y amigos la llamaban Guegue, apodo que recibió desde pequeña.

También fue integrante del grupo “Plaga”, integrado por los veteranos de diferentes clubes de rugby de La Plata, deporte que practicó su esposo. Su sociabilidad, buen humor y predisposición para generar buenos momentos, la transformaron en presidenta de ese grupo que tiene tanta tradición en la Ciudad.

Su sentido de la amistad fue un faro, un legado, para sus familiares, quienes aseguraban que en la mayoría del tiempo estaba de buen humor. Armó, entre otros tantos grupos, un círculo de amistad con tres compañeras de la primaria, que se mantuvo a lo largo del tiempo, con reuniones periódicas, manteniendo el contacto para compartir las buenas y malas noticias que podían surgir. La solidaridad fue un valor que también se destacó en su personalidad.

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