A los 72 años falleció Enrique Catani, un abogado platense de dilatada trayectoria en derecho ambiental que supo ganarse el respeto y el afecto de quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo, ya sea en su faceta profesional como en la personal.
Había nacido en La Plata el 9 de diciembre de 1945, sus padres fueron Aurora Giffi y Enrique Catani, de quien heredó su pasión por la poesía y la literatura. Él fue el hijo mayor y creció junto a sus cuatro hermanos, Liliana, Cecilia - ya fallecida -, Silvina y Ángel.
Cursó toda su formación en establecimientos de la Universidad Nacional de La Plata; la primaria, en la escuela Anexa “Joaquín V. González; la secundaria, en el Colegio Nacional “Rafael Hernández” y luego en la facultad de Ciencias Jurídicas de donde se graduó como abogado.
En 1972 se casó con Silvia Esther Gil Navarro y la familia creció con los nacimientos de sus hijos Enrique, María Elisa, Mercedes y Juan Pablo; con los años se sumaron a sus afectos sus hijos políticos: María Constanza, Gonzalo, Eloy y Florencia y sus nietos Francisca, Juana, Helena, Blas y Pedro que lo colmaron de felicidad.
Con un gran apego a su familia siempre fue promotor de reuniones en su quinta de Gómez, Brandsen, allí solía sorprender a los suyos con sus constantes intervenciones que reflejaban su gusto por el paisajismo.
Con relación a su vida laboral, durante 10 años vivió con su familia en Oberá, Misiones, donde se desempeñó como periodista del diario Pregón Misionero; pero en 1985 regresó a La Plata para ejercer como abogado.
Enrique Catani se especializó en derecho ambiental y fue asesor en el Congreso de la Nación y en la secretaria de Medio Ambiente. También dio clases de derecho ambiental en la Universidad Tecnológica y en la Universidad de la Marina Mercante.
En el terreno deportivo fue simpatizante de Estudiantes y en el tiempo libre le gustaba entregarse a la literatura y la poesía, en particular, a la obra de Leopoldo Marechal y de Roberto Themis Speroni.
Según contaron sus allegados, Enrique se caracterizó por tener una gran humildad y sentido del humor. También fue un hombre de fe que mantuvo un estrecho contacto con la comunidad de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús.
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