La recomendación de especialistas y de integrantes de la Asociación Celíaca Argentina destinada a las personas celíacas, en la que se les sugirió no condicionar exclusivamente sus dietas a las harinas sin gluten, sino a considerar también otras opciones como la de incorporar más verduras y frutas en su alimentación, constituye seguramente otro paso positivo en la lucha que nuestro país debe dar en defensa de los celíacos.
Como se sabe, la celiaquía es una enfermedad autoinmune que en la Argentina afecta a una de cada algo más de 100 personas -causada por la exposición al gluten, una proteína vegetal presente en el trigo, la avena, el centeno y la cebada- cuyos pacientes deben seguir rigurosos tratamientos y atenerse a menús estrictos, bajo pena de correr riesgos de salud muy severos en caso de incumplir con esas y otras recomendaciones médicas. Cabe consignar que hace pocas décadas la enfermedad afectaba a una de cada 140 personas, lo que habla de una preocupante expansión del mal, que se vuelve especialmente notable entre los niños.
La recomendación sanitaria, formulada en el contexto del Día de la Celiaquía que se conmemora hoy en todo el mundo, puso su acento en las dificultades que plantea el subido costo de los alimentos basados en harinas libres de gluten. Hasta tres veces más caros que sus variantes tradicionales, muchos argentinos con celiaquía sienten condicionada su dieta por esta realidad, aún cuando, ahora, la sugerencia médica valoriza otras alernativas.
Es conocido, asimismo, que en nuestro país la ley nacional de celiaquía, sancionada en 2009, constituyó un ostensible avance. Ella obligó a las obras sociales a reconocer parte del costo de los alimentos hechos con harinas libres de gluten a quienes tienen esa condición. Si bien la norma constituyó un hito histórico al visibilizar a la celiaquía como un problema de gran parte de la población y multiplicar la disponibilidad de alimentos aptos en el mercado, también habría incidido en su costo.
Otro de los problemas que plantea la celiquía reside –según señalan las fuentes médicas- en que, de aquellas personas que sufren esta enfermedad, son muy pocas las que lo saben, ya que suele confundirse con otras y hasta puede no presentar síntomas evidentes. Pero sí se conoce que es muy peligrosa, al punto de que de no tratarse en tiempo y forma puede evolucionar en complicaciones muy severas o hasta en la muerte de quienes la sufren
Por cierto que además de que las autoridades responsables no deben bajar la guardia, en el sentido de resolver la falta de restaurantes con cartas de comidas aptas para celíacos, debieran también profundizarse fiscalizaciones más completas en lo que se refiere a los alimentos envasados, especialmente de aquellas que atañen a la más adecuada información que deben contener las etiquetas.
Resulta, cuanto menos, paradójico que en nuestra ciudad, reconocida por los importantes logros en la investigación de esta enfermedad, se pueda todavia incurrir en omisiones, ciertamente discriminatorias, con buena parte de las personas, sin olvidar que también se incumple con el propósito social de avanzar en políticas preventivas y en la búsqueda de una población más fuerte y mejor alimentada.
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