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El polémico líder norcoreano se llevó varios logros de la cumbre con Trump

Sin hacer demasiadas concesiones, Kim consiguió mejorar su imagen en el exterior y el levantamiento de sanciones económicas
La imagen de Kim y Trump en la tapa de una revista china, en Beijing / AFP

Por PYONGYANG

Por ERIC TALMADGE
Agencia AP

En realidad, todo lo que el mandatario norcoreano Kim Jong-un (34) necesitaba en su cumbre sin precedentes en Singapur con el presidente de EE UU, Donald Trump, era mantener por ahora su arsenal nuclear intacto una buena foto de un apretón de manos para mostrar que ya es parte de la esfera internacional.

La sorpresa, probablemente incluso para él, fue que consiguió eso y mucho más. Aunque no hizo ninguna promesa firme de renunciar en un momento cercano al arsenal nuclear que tanto le ha costado conseguir, Kim pudo mostrarse como un igual con el líder de la nación más poderosa del mundo, se le planteó la idea de que el futuro de las maniobras militares conjuntas de EE UU y Corea del Sur podría estar en duda y recibió abundantes elogios de un presidente que meses atrás lo apodaba “el hombrecito cohete”, calificándolo ahora de “hombre talentoso y que ama mucho a su país”. Si Kim (al que se había descartado de forma generalizada como demasiado joven e inexperto para durar mucho cuando asumió el poder a la muerte de su enigmático padre, Kim Jong-il, a fines de 2011) se vio forzado a negociar por presión estadounidense, no se notó.

Para hacer el trato más atractivo para Washington, Kim -previo a la cumbre- también convirtió en un espectáculo para la prensa extranjera el cierre de una instalación de ensayos nucleares, entregó tres prisioneros estadounidenses y anunció una moratoria unilateral en los ensayos nucleares y lanzamientos de misiles de largo alcance.

Pero la confianza de Norcorea empezó a notarse casi en cuanto Kim llegó el domingo a Singapur en un avión alquilado de Air China, una muestra del pleno apoyo de su poderoso vecino y principal salvavidas económico.

Además de reinventar su imagen exterior como un líder “normal” de un país “normal” -incluso se tomó selfies en Singapur- Kim buscaba socavar el apoyo a las sanciones internacionales que frenan desde hace años su desarrollo económico. Y tuvo éxito inmediato.

Malasia, que había cortado sus lazos con Corea del Norte tras el asesinato del medio hermano de Kim en el aeropuerto de Kuala Lumpur hace un año, ya se plantea su restablecimiento. Y China también estudia suavizar sus restricciones comerciales.

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