Se ha dicho recientemente en esta columna que no existen excusas para que las obras públicas se conviertan en un caos vial, sin perjuicio de que exista en la Región una imperiosa necesidad de impulsar distintos tipos de emprendimientos que interesan al mejor progreso de la Ciudad.
Al analizar ese tema se destacó que la experiencia técnica aquilatada enseña que esos trabajos deben y pueden desarrollarse sin que se conviertan en un trastorno para el desplazamiento de personas y vehículos.
Tales consideraciones surgieron a partir de las obras de remodelación que se realizan en la rotonda de 120 y 32, que convirtieron al tramo de la bajada de la Autopista La Plata-Buenos Aires en un verdadero calvario para quienes transitan por ella, atrapados por el gigantesco embotellamiento de tránsito que se forma.
Vale recordar, en el caso de la mencionada rotonda, que fue remozada y repavimentada hace menos de un año, pero de manera tan defectuosa, que ahora, prácticamente, hubo que hacerla de nuevo. Ahora, justamente, acaba de informarse que esos trabajos –cuya conclusión está prevista para fines del próximo mes de julio- se traducirán en nuevas restricciones al tránsito, ofreciéndose ayer en este diario los nuevos itinerarios que tanto la Municipalidad como la empresa Aubasa ofrecen como vías alternativas.
Cabría poner de relieve que, en los últimos tiempos, son numerosos los cortes o desvíos “transitorios” que se presentan en la Ciudad y que, en la práctica, dificultan gravemente la circulación normal de vehículos. Pocos días atrás se cortó la avenida 60 entre 12 y 11 por cuanto se realizaba un trabajo de bacheo.
Los automovilistas que avanzaban hacia la avenida 1 doblaban obligatoriamente por la 12 y retomaban luego hacia la derecha por la calle 58. Pero aquí había otro corte entre 9 y 10 por la presencia de una grúa que elevaba su pluma hacia lo alto de un edificio. De modo que, con dos cortes “intercomunicados”, la anarquía del tránsito en esa zona fue total.
Ese episodio sirve, tan sólo, a modo de ejemplo. Se da en la actualidad que muchas calles importantes son cortadas –también en horarios centrales- para realizar trabajos de poda. Pareciera ser que cualquier cuadrilla y cualquier repartición se encuentran autorizadas para colocar una simple valla y disponer que por allí no pasen automóviles, colectivos o transportes de cargas.
El tránsito en la ciudad se encuentra colapsado. La Comuna anuncia operativos diversos, destinados a sancionar a quienes infringen las leyes del tránsito. Sin embargo, lo menos que puede esperarse de los poderes públicos es que actúen con total racionalidad a la hora de cortar calles. Bienvenidas sean las obras y aquellos trabajos que requiera la vía pública, pero sería mucho mejor si esas acciones se realizaran en forma planificada y racional.
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