Lealtad, solidaridad y compromiso fueron algunos de los valores que Marcelo Vampa supo sembrar en todos los ámbitos en los que se desempeñó, como profesional del Derecho y apasionado por el rugby. Su fallecimiento, a los 63 años, provoca hondo dolor entre quienes compartieron con él décadas de tribunales y campos de juego, siendo testigos de su inteligencia y sensibilidad.
Hijo de María Zelmira “Coca” Dall’orto -ama de casa- y Alfredo “Freddy” Vampa -abogado, procurador de la Suprema Corte bonaerense-, hermano mayor de Alejandro y María Zelmira, Marcelo Miguel nació el 29 de agosto de 1954.
Tras completar los ciclos primario y secundario en el colegio San Luis, se graduó como abogado en la Universidad Nacional, especializándose en derecho administrativo, y estableció su estudio jurídico en el microcentro platense, en la actualidad compartido con sus hijos Marcelo y Marina y con Juan Antonio, a quien consideraba una parte más de la familia.
Desde ese bufete ejerció la profesión con carácter libre, trabajando como asesor letrado de la Municipalidad de Brandsen y la propia UNLP.
En el terreno de la docencia, fue profesor de una de las cátedras de Derecho Administrativo II en la facultad de Ciencias Jurídicas de 7 y 48, y en el por entonces llamado Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI).
Destacado jugador de rugby y tenis en su juventud, hincha de Estudiantes pero fanático del deporte de la “ovalada”, participó como entrenador en la etapa formativa de varias generaciones de jugadores de los clubes La Plata y San Luis, donde tuvo una trayectoria intachable que le ganó el cariño y aprecio de compañeros y rivales.
Generoso, siempre dispuesto a brindar una mano o un consejo oportuno, perseguidor de utopías movilizadoras, anfitrión de rico anecdotario, cultivó innumerables amistades.
Temperamental pero siempre cálido en el trato, entrañable a la hora de compartir momentos y viajes con los suyos, fue un empedernido buscador de estímulos culturales en la literatura, la poesía y la música.
Casado desde 1978 con el amor de su vida, Silvana Rucci, a quien conoció a los 15 años, tuvo tres hijos -Marina, Virginia y Marcelo-, quienes se prolongaron en dos nietas: Lola y Charo.
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