Un hincha argentino cumplía con mostrarle la entrada a una empleada del estadio mientras la Selección jugaba ante Nigeria, hasta que llegó la explosión. Marcos Rojo la metió sobre la hora, y el simpatizante albiceleste, con la 10 en la espalda, se olvidó de todo y se abrazó con la mujer rusa que desempeñaba sus labores.
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