Sanar y enseñar. Con pasión, con excelencia, con una sonrisa. Jorge Morano Baldizzone, quien falleció a los 85 años, deja en la medicina platense un legado fecundo y múltiple que atraviesa y conecta generaciones; formador y curador a través de la docencia y el ejercicio de su profesión, autor de obras que son referencia académica, marcó en todos los ámbitos en los que supo desempeñarse su impronta incansable, inspiradora y humanista.
Hijo de Eugenia Baldizzone y José Francisco Morano Brandi, respetado pediatra y profesor que llegó a ejercer la presidencia de la Sociedad Médica de La Plata; hermano menor de Beba y mayor de Horacio, Jorge nació el 3 de diciembre de 1932 en San Isidro. Meses después, su familia se radicó en nuestra ciudad; la casona de calle 4 entre 51 y 53 en la que José Francisco fijó residencia y consultorio fue el escenario de su infancia, adolescencia y temprana adultez, junto a las aulas de la Escuela Anexa, el Colegio Nacional y la facultad de Ciencias Médicas de la UNLP en la que se graduó con medalla de oro en 1957.
También fue allí el lugar en que desarrolló buena parte de su vida profesional, en primera instancia con su padre, luego con su hermano y más tarde con su hijo Jorge, todos orientados a la pediatría. La otra porción sustancial de su labor médica se dio al frente de la Sala I del Hospital de Niños “Sor María Ludovica”.
En el terreno de la docencia universitaria, que abrazó con un compromiso indeclinable, fue parte durante décadas de la emblemática cátedra “A” de Pediatría, conduciéndola entre 1982 y 2000. A lo largo de los años ‘80, se embarcó junto a otros referentes de la medicina infantil platense como Mario Rentería, Roberto Silber, Francisco Spizzirri y Eduardo Cueto Rúa en la creación del “Tratado de Pediatría”, del que fue autor director, varias veces reeditado y recomendado por la Organización Panamericana de la Salud para su uso en las casas de altos estudios.
Conferencista internacional; Ciudadano Ilustre; presidente de la Sociedad de Pediatría local; destacado tenista amateur; innovador por naturaleza; “familiero” y paternal; detallista; estudioso; enumerar sus galardones es una tarea virtualmente inabarcable. Casado en junio de 1961 con “Pipa” San Miguel, tuvo cuatro hijos -Carmen, Jorge, María Inés y Adolfo José- que se prolongaron en nueve nietos y una bisnieta, Charo.
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