Dos electrodos ubicados en unas zonas profundas del cerebro y conectados a una batería bajo la piel podría ayudar a tratar la anorexia nerviosa en pacientes que no responden a los tratamientos convencionales.
El Hospital del Mar de Barcelona está ensayando con varios enfermos esta técnica neuroquirúrgica que ya ha probado su eficacia en otras patologías como el párkinson o la depresión.
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