Generosa, emprendedora y destacada profesional. Algunas de las múltiples características que supo reunir Arminda Violeta Ilari, quien falleció a los 95 años tras una intensa vida con enorme entrega de amor a su familia y a su labor como contadora pública y docente.
Había nacido el 22 de diciembre de 1922, en La Plata. Hija de inmigrantes italianos -Santos José Ilari y Violeta Angeletti, comenzó su etapa escolar en la Escuela Italiana. Luego llevó a cabo el secundario en el ex Comercial San Martín, donde egresó como Contadora Pública Nacional, ya que en ese momento aún no había sido creada la facultad de Ciencias Económicas.
“Chichina”, como la llamaban en su círculo íntimo y en distintos ámbitos de la Ciudad, se casó con Roberto Zurita, con quien tuvo siete hijos varones.
La familia fue creciendo con el paso del tiempo y últimamente llegó a sumar 80 miembros entre hijos, nietos, bisnietos y sobrinos. Precisamente, su familia fue “el gran orgullo” que acostumbraba a enarbolar en cada reunión.
Viuda a los 48 años, comenzó una etapa muy difícil, pero que supo enfrentar con generosidad, enorme entrega y responsabilidad superlativa que le permitió cumplir y superar distintos objetivos.
En relación a su carrera profesional, se desempeñó como contadora en el Instituto Autárquico de Colonización de la provincia de Buenos Aires, actividad que tuvo un paréntesis cuando su esposo tuvo que viajar a Damasco como funcionario diplomático de la Embajada Argentina en Siria. Al regreso a nuestro país retomó la función en el organismo que luego pasó a ser el ministerio de Asuntos Agrarios.
Fue docente en el colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata, en el Normal 1 y en el ex Comercial San Martín, actualmente Media 31. En los tres establecimientos educativos dejó su huella como una docente muy querida, que ayudaba a sus alumnos a enfrentar las diferentes etapas que plantea la enseñanza media.
También tuvo una vida muy activa en el plano religioso, con intensa participación en la Basílica San Ponciano. Le gustaba mucho abordar la lectura de distintos géneros literarios, más allá de la bibliografía que le demandaba su actividad profesional, que se incluyó también el nombramiento como contadora delegada en la Contaduría General de la provincia de Buenos Aires. Otra de sus pasiones fue viajar y prácticamente dio la vuelta al mundo.
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