“Mi principal capital es la convivencia con la gente. Y me siento muy ligado a la vida de la comunidad”. Con esas palabras se definía a sí mismo Eduardo Catani, empresario y dirigente de excepción que falleció a los 86 años. Quienes lo conocieron coincidieron con esa caracterización: su capacidad para tender puentes entre las personas era su principal virtud. Esa cualidad, y el don de vincularse con sensibilidad y naturalidad con quienes lo rodeaban fue el punto de apoyo de una vida dedicada al comercio y a la promoción de iniciativas para el desarrollo de la Ciudad.
A pesar de no haber nacido aquí, era un platense por derecho propio. Pasó los años de su infancia en la localidad de Tornquist, donde llegó al mundo el 20 de octubre de 1931 siendo uno de los nueve hijos del matrimonio formado por el agricultor Agustín Catani y Erina Pastori. Siendo adolescente llegó a La Plata porque sus padres querían que estudiara. Hizo el secundario en la Escuela de Comercio de calle 46 y 3, para cursar luego en la facultad de Ciencias Económicas.
Por aquellos años 60’s comenzó una pujante vida comercial. Fue representante en la zona de Graffa y de Alpargatas, que distribuía desde su negocio en cercanías de plaza Paso; después fabricó frazadas y llegó a tener a veinte colaboradores, entre empleados y operarios.
A los pocos años de haberse iniciado, fundó la Federación de Mayoristas y Proveedores del Estado (Femape), a través de la cual estableció fuertes vínculos con la dirigencia local. Catani, que se consideraba “un conciliador”, ejerció una intensa participación en distintos ámbitos hasta los últimos momentos de su vida, y era un asiduo partícipe de reuniones y cenas dirigenciales. Presidió en dos períodos la Cámara de Comercio e Industria de La Plata, arrancando en 1985 y concluyendo en 1989. Defensor de la industria y de las necesidades de los pequeños y medianos comerciantes, solía insistir en la importancia del desarrollo del Puerto y el Aeropuerto local.
Su actuación y compromiso comunitario y solidario se concentró también en distintas entidades de bien público. Tras colaborar por una década con la Fundación Mainetti, se convirtió en un dinámico dirigente del Grupo Honra.
Se casó en primeras nupcias con Nélida Becerra, con quien tuvo dos hijas, María Laura, contadora y docente; y Beatriz, autora, actriz y directora de teatro. En segundas nupcias contrajo matrimonio con Lidia Burakovski.
Con alegría agregaba como dato fundamental de su vida de los últimos años a sus cuatro nietos: Diego, Sebastián, Joaquín y Tomás.
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