Abogado especializado en Derecho Civil y Comercial, y distinguido deportista y dirigente del mundo del rugby local, falleció, a los 72 años, tras enfrentar con entereza una dura enfermedad, Carlos Alberto Castiglioni.
“Paloma” lo apodaron casi toda la vida en los distintos círculos sociales que supieron de su carácter alegre, su conversación amena y sus gestos amables.
Hijo de Eduardo Castiglioni y Palmira Boudet, había nacido en esta ciudad el 14 de enero de 1946, y se formó en todas instituciones educativas de la UNLP: la Escuela Anexa, el Colegio Nacional y, finalmente, en la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, donde obtuvo el título de grado. Tuvo dos hermanos, Susana y Eduardo, y él fue el menor de los tres.
La vocación por el Derecho marcó, de alguna manera, a los Castiglioni, pues Carlos heredó de su padre -un reconocido abogado de su época- la inclinación hacia la profesión vinculada a las leyes, y luego sus dos hijos, Ignacio y María Julia, siguieron el mismo camino. Él ejerció la actividad siempre por su cuenta, de manera independiente, desde el estudio jurídico que organizó a poco de haberse recibido.
La Plata Rugby Club fue su segundo hogar. De chico integró el equipo de Gonnet y cuando dejó la práctica en el campo de juego se volcó a entrenar a las generaciones más jóvenes. Además, como sentía un particular apego por la entidad, en sus últimos años participó de manera activa en la vida institucional “canaria”, formando parte, incluso, de más de una comisión directiva.
Su larga y destacada trayectoria en el rugby le valió, además, el reconocimiento de integrantes de diferentes clubes del país.
Según lo expresado por algunos de sus más íntimos allegados, supo transmitir los mejores valores del deporte y su figura deja, en ese sentido, un recuerdo imborrable en quienes compartieron con él la pasión por el rugby.
Dueño de un espíritu conciliador, una conducta recta y un hondo sentido de la solidaridad, mantuvo duraderas amistades, nacidas en cada una de las etapas de su vida y en todos los ambientes en los que participó.
El 14 de julio de 1972 se casó con la docente María Silvia Achilli y junto a ella construyó una familia de lazos sólidos y profunda confianza. Sus hijos le dieron cuatro nietos: Ulises, Elena, Inés y Lucía, con quienes estableció una relación estrecha que mostró la característica complicidad afectiva que suelen generar los abuelos.
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