El fallecimiento de Carlos Oreste Lunghi, contador y doctor en Ciencias Económicas de extensa trayectoria en la Ciudad, causó numerosas muestras de pesar entre quienes lo conocieron y respetaron por sus férreos principios éticos.
Carlos fue el hijo mayor de José Emilio Lunghi - intendente de Tandil bajo el gobierno del presidente Arturo Illia - e Irene Emma Piagentini; había nacido el 24 de diciembre de 1936 en Tandil y creció junto a sus hermanos José y Miguel.
Completó su formación primaria y secundaria en su ciudad natal; en el plano deportivo jugó al básquet en el club de Quilmes y fue un fanático simpatizante de Lanús.
Llegó a la Ciudad con el propósito de ingresar a la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata de la que se graduó como contador; luego hizo un posgrado y se doctoró en Ciencias Económicas.
De cuna radical, Carlos siempre militó en las filas de ese partido. Durante la presidencia de Arturo Illia, se desempeñó como director de administración del Ministerio de Salud bonaerense y fue contador de la Provincia durante el gobierno de Alejandro Armendáriz.
Siempre se encargó de no apartarse de lo que consideró recto para que sus acciones fueran intachables y su inteligencia se reflejó en los distintos ámbitos en los que él intervino, ya sea en el público o en el ejercicio de la profesión en su estudio.
El 4 de julio de 1964 se casó en Tandil con Ana María Pagola, su novia desde la adolescencia. La familia y su felicidad crecieron con los nacimientos de sus hijos Carlos - quien siguió sus pasos profesionales -, Silvia, Ana y Pepe; luego llegaron sus seis nietos por los que también se desvivió.
Tan grande fue su amor por Tandil que regresó en cada oportunidad que pudo; incluso su esposa viajó para que sus hijos nacieran allí, salvo el menor que es platense. Además en ese lugar disfrutó de los reencuentros familiares y de las reuniones con sus amigos del alma, aquellos que acuñó en los años de juventud.
En el tiempo libre le gustaba viajar con su familia. Encontró su lugar en el mundo en un campo de Tandil al que, en honor a su esposa, llamó Ana María.
Quienes lo conocieron destacaron que siempre fue un defensor de la ética y de la transparencia.
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