Eduardo Tucci
deportes@eldia.com
Como hace cuarenta años con Guillermo Vilas, el tenis argentino tiene en Juan Martín Del Potro el impulso que necesita para permanecer en los primeros planos. Aquellos espectaculares triunfos que nos hicieron cambiar la rutina de seguir únicamente al fútbol para interesarnos por las actuaciones de Willy, frente a los monstruos de la época, se parecen a estos del interés por la campaña del grandote bonachón de Tandil que no pudo con Djokovic pero demostró porque está entre los mejores y que hay un torneo que gana por goleada: el de la gente.
Los últimos días se pudo observar algo similar a lo que ocurría
con Vilas, Fangio, Lole o Monzón -en épocas diferentes y a través de los medios de comunicación vigentes en cada momento- cuando acaparaban la atención de todos luciéndose en otras actividades deportivas ajenas a la disciplina más popular.
Juan Martín Del Potro tomó la posta del padre del tenis en la Argentina. Aparece como un digno sucesor de todo lo que generó aquel
genial marplatense que le ganó a todos e instaló a la Argentina en lo más alto del podio en recordadas hazañas que perduran al día de hoy.
Vilas fue grande entre los monstruos de su época como los míticos
John McEnroe, Ivan Lendl, Bjorn Borg e IIie Nastace entre tantos otros a los que derrotó en base a un talento notable. Las estadísticas cuentan que en 1977 ganó 16 torneos sobre 33 jugados y aunque fue el mejor del mundo ese año, el ranking de la ATP no lo reconoció ubicándolo por debajo de Connors. En esa misma temporada el de Mar del Plata ganó 145 partidos sobre 159 con 53 victorias consecutivas.
Tanta grandeza de un campeonazo con todas las letras tiene ahora su correlato en la “Torre de Tandil” que desde el vamos, en sus primeros raquetazos en su tierra natal, demostró estar preparado para desafíos de envergadura. En determinado momento incluso consiguió lo que Willy no pudo y siempre quiso: ganar la Copa Davis. Aquellas gestas memorables y estas actuaciones están hermanadas.
Entre uno y otro el tenis nos supo entregar a varios exponentes de alto nivel como Gaudio, Nalbandian, Coria, Puerta y Gabriela Sabatini que también hicieron lo suyo frente a los más grandes manteniendo en alto la calidad y el respeto por el tenis argentino. Pero por estas horas todos los reflectores están puestos en este tandilense que el último año hizo lo necesario para recuperar su mejor tenis. Después del triunfo, en 2009, en el mismo escenario que ayer lo coronó y de la histórica consagración, en 2016, en la Davis, demostró todo su temple al superar las intervenciones quirúrgicas en sus dos muñecas que lo obligaron a largos períodos de inactividad.
Volvió con todo para estar en una gran final, poner la bandera del tenis argentino en un sitial privilegiado y confirmar que aquella leyenda viviente del tenis tiene un notable continuador.
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