En plena pampa húmeda, a orillas del arroyo Areco y bordeada por una agradable costanera, se erige una de las poblaciones más antiguas y tradicionales de la provincia de Buenos Aires: San Antonio de Areco. Esta pintoresca población es la que mejor sintetiza el encanto de la vida gauchesca y sus costumbres. Fundada al amparo de una capilla inaugurada por don José Ruiz de Arellano en 1730.
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