Abogada de extensa trayectoria que supo sobresalir por su labor en el ámbito del Derecho Previsional, a los 80 años falleció María Luisa Inés Troccoli. Apreciada y respetada en diferentes ámbitos, tanto por su idoneidad profesional como por su calidez humana, su partida causó profundas muestras de pesar en distintos círculos platenses en los que valoraron su incansable aporte en pos de la seguridad social.
Su cuna natal fue la localidad bonaerense de Tres Arroyos, pero La Plata fue el lugar que eligió para vivir y en el que desarrolló su carrera. En aquella ciudad del sur provincial había nacido el 6 de septiembre de 1938, siendo la hija menor del matrimonio conformado por María Luisa y José Antonio Troccoli. En el seno del cálido hogar familiar creció junto a sus dos hermanos, Antonio e Hilda Raquel, mientras completaba su educación primaria y secundaria en una escuela tresarroyense.
Luego, su inclinación por el mundo de las leyes hizo que se trasladara a nuestra ciudad para estudiar en la facultad de Derecho de la Universidad de Nacional de La Plata, de donde se graduó años más tarde.
Como joven abogada, hizo sus primeras armas en los pasillos de la Fiscalía de Estado bonaerense, pero fue en la Caja de Previsión y Seguro Médico de la Provincia de Buenos Aires donde se destacó como asesora letrada, ejerciendo la actividad durante más de cuatro décadas. Inés poseía un profundo dominio del derecho previsional, saber que volcó en su cargo en la Gerencia del área legal de la Caja de Médicos, puesto que ocupó hasta su jubilación.
Ese conocimiento sobre cuestiones de Seguridad Social también lo plasmó en algunos escritos y en sus colaboraciones en la redacción de leyes relativas al sistema previsional.
El Consejo de Graduados de la Facultad de Derecho, y la Coordinadora de Cajas de Previsión y Seguridad Social para Profesionales de la Provincia fueron otras de las instituciones en las hizo aportes.
De espíritu inquieto, su avidez de conocimientos se reveló en su perfil de lectora voraz: Inés atesoraba una nutrida biblioteca en la que se fundían volúmenes de diversos géneros, en especial Literatura e Historia. El arte también era, para ella, un poderoso imán: le atraían el cine y el teatro, y tocaba el piano como una manera de canalizar su afición por la música, en especial la clásica.
Generosa y atenta a quienes le rodeaban, Inés tuvo un hijo, José Miguel, a quien siempre se entregó por entero.
Por la impronta con la que desarrolló cada una de sus facetas, su partida provoca una irreparable pérdida entre quienes la conocieron.
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