NUEVA YORK
“No renunciaré, aunque me lo pida el presidente Donald Trump”.
La frase del titular de la Reserva Federal (Fed), el Banco Central de Estados Unidos, Jerome Powell, generó impacto. Sin embargo, el suyo fue un mensaje que buscó llevar calma y, por ciento que lo logró.
Powell dijo en Atlanta que el banco central será “paciente” a la hora de aumentar los tipos de interés, reprimiendo los temores a una política monetaria más estricta en un futuro cercano, entre el gran temor de los inversores a una desaceleración de la economía internacional y con el ojo puesto en el comportamiento de China.
De inmediato, el mensaje fue leído como una señal para el presidente Donald Trump quien había encabezado una ofensiva sobre Powell, oponiéndose a la severa política monetaria que se impulsaba desde la Fed.
Por cierto que se trata de una gran noticia para la Argentina, que debe hacer frente a importantes vencimientos de su deuda externa, que más allá del respaldo del Fondo Monetario Internacional, deberá conseguir créditos en los mercados y, a partir de esta decisión, valores menos onerosos.
Precisamente eso reflejó la abrupta baja de cien puntos del llamado riesgo país -que mide la brecha de las tasas de interés que ofrecen los bonos emergentes respecto de los bonos del Tesoro de los EE UU- y la brusca suba de los activos argentinos, tanto en el país como en el exterior. A eso hay que sumar la recuperación de Brasil, que se refleja en las primeras reacciones bursátiles tras la asunción de Bolsonaro, una tendencia que arrastrará al alza a la economía argentina.
El otro dato positivo fue el avance en las negociaciones de EE UU y China. Todo suma.
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