Un profundo dolor causó el fallecimiento de Carlos Augusto Maino, destacado dirigente que trabajó con fervor en pro de la cultura italiana, particularmente de la que provenían sus ancestros, oriundos de la región de Trento.
Hijo de un matrimonio de inmigrantes, creció en La Loma. Cursó la primaria en la Escuela Nº 19 de ese barrio.
Conoció el sacrificio desde muy joven: a los 14 años ingresó como aprendiz en Astilleros al mismo tiempo que seguía con sus estudios en el industrial Albert Thomas.
Trabajador incansable, tuvo diversas ocupaciones. Se encargó del control de calidad en SIAP y luego cumplió funciones en la sección de telefonía de la misma compañía. Tras perder ese empleo, sus días transcurrieron sobre el taxi con el disco 1941, al que decía sentirse apegado porque ese número representaba el año de su nacimiento.
Sus padres fundaron -junto a otros inmigrantes- el Círculo Trentino de La Plata, una institución que en sus comienzos se encargaba de reunir a aquellos recién llegados de Trento para compartir tradiciones, comidas, juegos y la nostalgia de su patria.
Carlos, igualmente que su hermana Rosa, vivieron desde sus nacimientos el amor a esa entidad que les inculcó su familia. Tal fue su vinculación a la colectividad italiana que hasta constituyó su hogar con María Inés Benolli, también hija de trentinos. Con ella tuvo tres hijas (Paula, Romina y Mariana), quienes le dieron muchas satisfacciones y a sus adorados nietos (Matías, Miguela, Clara, Lucía y Juana).
En su querido Círculo Trentino deleitó a varias generaciones con sus recetas de polenta, chucrut, codeguines y chorizos típicos, aprendidas de sus mayores y mejoradas con su destreza para la cocina.
Dentro de Círculo Trentino participó activamente en numerosas comisiones directivas, comisiones de fiestas y representó a la institución en calidad de delegado de FAILAP, del Co.Co.Co, -hoy Ente Italiano de Ayuda- y en una entidad que reunió a las tres colectividades hermanadas: Trevisano, Friulano y Trentino que se llamó Tres Venecias. Al fallecer, ocupaba el cargo de vicepresidente en la sede de la calle 18 entre 37 y 38.
Se caracterizó por su inteligencia y generosidad, pues fue un ser muy pensante que solía mostrarse preocupado por responder a las necesidades de quienes lo rodeaban. Atento siempre a los cambios históricos, se ocupó de preparar a las generaciones más jóvenes para que asuman el compromiso de mantener la herencia de las tradiciones.
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