La cotidianeidad es una construcción tan arbitraria como tranquilizadora y por debajo de ésta fluyen fuerzas caóticas que conectan la vida con la muerte, como le ocurre a la protagonista de “Fugaz”, nueva novela de Leila Sucari, que a punto de convertirse en madre decide abandonar su casa para entregarse a una deriva liberadora que no aliviana su fragilidad pero le permite explorar en libertad la errancia de su deseo.
“Huí de casa para llegar a ser nadie”, suelta la heroína sin nombre de esta suerte de road movie existencial que atrapa con cadencia poética las vacilaciones de una mujer en torno a su hijo recién nacido, ese ser temblante “como un animal en cautiverio” que en su primeros minutos de vida le produce “asco”, aunque luego se va a transformar en el aliado de una travesía que la autora de “Adentro tampoco hay luz” elige narrar desde un registro sensorial que da cuenta de aromas, fluidos y potentes fragmentos oníricos.
La cuestión de la maternidad es recurrente en la literatura de Sucari: si en la novela anterior irrumpía a partir de una madre que aparecía y desaparecía y dejaba en estado de cuasi orfandad a la protagonista, en su nuevo libro hay una narradora que parece sumida en una deriva existencial pero que a diferencia de antiguos mandatos anclados en la postergación del deseo asume el status de madre como el disparador de su emancipación de vínculos asfixiantes y luego como fundamento de su renuncia a la trampa de la estabilidad.
“La maternidad es un tema que me llama mucho desde siempre, indagar en ese vínculo tan particular que se da entre madre e hijo. La idea de un ser que se desprende de otro, la mezcla de amor y rechazo, la entrega profunda y, al mismo tiempo, la necesidad de distancia, me resulta fascinante, una experiencia casi de ciencia ficción. Escribo para tratar de entender y ahondar en eso que me atrae y que tantas veces me desborda”, explica Sucari.
“La novela trabaja la deconstrucción de lo que se supone que es e implica ser madre -profundiza la autora a propósito de su novela-. En este caso creo que la maternidad funciona como disparador de la emancipación porque está ligada a un deseo muy genuino. El hijo, lejos de reprimir sus impulsos como mujer, funciona como un motor. Es un Big Bang que multiplica las posibilidades. Cuando ella se entera que está embarazada, en vez de ponerse a tejer escarpines, huye. Pero la fuga tampoco es una liberación, sino más bien una búsqueda sin horizontes claros que por momentos resulta asfixiante. Intenté abordar la maternidad desde su complejidad salvaje, desde toda la potencia que puede llegar a tener el estallido de vida que es un nacimiento. La famosa frase de Spinoza: “Nadie sabe lo que puede un cuerpo”. En un momento la protagonista dice “ser madre e hijo es revolucionario”, de esa fuerza arrolladora quise hablar”.
Editorial: Tusquets
Páginas: 208
Precio: $ 850
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