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La clase media que quedó a mitad de camino de la prosperidad

Por Redacción

El descontento y violencia en las calles de Chile, principalmente, y de Bolivia, para muchos analistas parece confusa, comparándola, por ejemplo, con las revueltas en Ecuador, y teniendo en cuenta que los vecinos de Argentina son dos de los países de la región de mayor bonanza económica en los últimos tiempos, y que han reducido considerablemente la pobreza en sus territorios.

Pero esa movilidad social ascendente que alcanzaron se quedó a mitad de camino de la prosperidad y reclaman mayor equidad, al menos en Chile.

El alza del precio del pasaje del metro (subterráneo) de Santiago es solo la punta del iceberg del violento estallido social que continúa.

El telón de fondo es la desigualdad social, la concentración extrema de la riqueza, la impunidad ante la corrupción, la desconexión de la elite política y la precariedad de la atención sanitaria, las jubilaciones y el sistema educativo privatizado, de difícil alcance para los sectores medios y bajos.

No son problemas de ahora, se arrastran desde hace años y algunos hasta tienen su origen en la dictadura de Augusto Pinochet, pero han confluido estos últimos días en un estallido furioso -protagonizado por jóvenes que, a diferencia de sus abuelos y padres, salieron a desafiar en las calles al poder político y militar- sin precedentes en la historia reciente de Chile, un país que se consideraba una balsa de aceite dentro de la convulsionada América Latina.

Esa emergente y mayoritaria clase media chilena tiene ahora otras demandas y expectativas. Aspira a un mayor bienestar y algunos privilegios, que las elites -que son minoría pero tienen gran parte de la torta de la riqueza-, no están dispuestas a compartir. Y ni el Gobierno de Piñera, ni sus antecesores, ayudaron a cortar esa brecha. El actual presidente a poco de asumir promovió una reforma tributaria para bajarle los impuestos a los más ricos; pensó que iba a reactivar más la economía con inversiones. Pero fue un boomerang y se refleja en estas protestas porque la gente cree que su gobierno sólo piensa en los que más tienen.

La emergente y mayoritaria clase media chilena tiene ahora otras demandas

La clase media urbana comenzó a desencantarse con Evo Morales y se notó en las urnas

Pero los impuestos no es la única cuestión. El sistema de pensiones -heredado de Pinochet pero nunca reformado- es otro de los puntos que más rechazo concita en la sociedad chilena. Obliga a los trabajadores a depositar cada mes cerca del 12 por ciento de su sueldo en cuentas manejadas por entidades privadas, que suelen obtener beneficios millonarios mediante inversiones, y sin embargo los jubilados reciben muchísimo menos dinero del que ganaban cuando trabajaban. Los haberes más bajos son la mitad de un sueldo mínimo. En cambio, los miembros de las fuerzas de seguridad aportan a otro sistema y de reparto, que ofrece jubilaciones mucho más elevadas.

La educación universitaria es otro tema. Fue gratuita en Chile hasta 1981, cuando la dictadura dio vía libre a la creación de universidades privadas. Hoy, en muchos casos, un estudiante de clase media hasta tiene que sacar un crédito para desarrollar una carrera por las carísimas matrículas.

La buena atención de la salud tampoco es para todos. La mayoría de los trabajadores están afiliados al Fondo Nacional de Salud (Fonasa), a la vez muy criticado por la mala atención en los hospitales, incluso en urgencias.

Y hay que sumarle que vivir en Chile se ha vuelto más caro, especialmente en Santiago, donde el precio de las propiedades ha subido hasta un 150 por ciento en la última década, mientras que los ingresos lo han hecho solo un 25 por ciento, de acuerdo a un estudio de la Universidad Católica publicado en mayo pasado y que consigna, entre otros datos, la agencia de noticias EFE.

En Bolivia, Evo Morales -que quiere ir por su cuarto mandato consecutivo- ha logrado una fuerte transformación en lo social y en infraestructura del país del altiplano. Desde 2005 a 2018 logró bajar la pobreza de un 38 a un 15 por ciento. Pero lo clase media urbana, que colaboró para que llegara a la Presidencia, comenzó a desencantarse y se notó en la última elección, cuyo resultado aún está en disputa.

Los índices económicos ya no son tan favorables. Pero se suma que Morales llegó a estas elecciones desgastado por escándalos de corrupción y por haber desconocido el resultado de un referendo que le dijo “no” a una nueva reelección.

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