Con el fallecimiento de Alfredo Oleaga -“Fredy”- La Plata pierde no sólo a un periodista lúcido y comprometido con la realidad social de su tiempo sino también a una persona fiel a sí misma, de gustos sencillos y gestos nobles. Muchos pierden, además, a un amigo entrañable.
Había nacido hace 61 años en General Villegas y aunque se formó, construyó una familia y estableció profundas relaciones en esta ciudad, vivió permanentemente vinculado al lugar donde pasó sus primeros años. A La Plata había llegado para estudiar en la entonces Escuela de Periodismo y se quedó; pero en todos estos años no perdió oportunidad para volver a Villegas y reencontrarse con su querido pueblo, del que siempre hablaba.
Fue un periodista de fuste; un cronista de agencia, de aquellos que producían noticias que se distribuían por cables. Iniciado en la profesión entrados los años 80 atravesó los desafíos de las distintas marcas de época, ya sea de contenido como de los formatos que fueron imponiendo los cambios tecnológicos. Toda su carrera la desarrolló en Telam, en la corresponsalía local, donde se convirtió en una presencia emblemática, en un maestro digno de la admiración de las generaciones que lo sucedieron.
“Cabrón, como buen vasco”, lo definieron algunos de sus colegas a la vez que resaltaron su calidad humana; su manera generosa de ofrecerse a los otros, de pensar en el prójimo; y su característica bondad. “Fue el mejor jefe que un periodista podía tener; enseñaba con el ejemplo”, añadieron quienes lo conocieron en el batallar cotidiano de la agencia estatal.
En la búsqueda constante de jerarquizar el trabajo, colaboró con el Sindicato de Prensa Bonaerense y con el Círculo de Periodistas de la Provincia.
Casado con la fonoaudióloga Mónica Martínez, volcó en Conrado todo el amor del que es capaz un padre. Valga como ejemplo anecdótico de esa entrega el hecho de que aunque era hincha de Racing, para compartir todos los momentos posibles con su hijo, que es un tripero fervoroso, solía acompañarlo a la cancha del Lobo y vivir junto al joven las tensiones de un partido de fútbol.
No le faltaba mucho para jubilarse y ya hacía planes para ese tiempo de aflojar con las exigencias del trabajo. Iba a volver a establecerse, decía, en su amada Villegas.
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