Tras la dimisión del premier libanés, Saad Hariri, empezaron a desaparecer ayer poco a poco las barricadas en Beirut, pero el país entró en un período de gran incertidumbre política y social. La renuncia de Hariri no responde plenamente a la bronca acumulada en la población contra dirigentes a los que reprochan por su ineficiencia y su corrupción en un país con servicios públicos en plena decadencia. (AP)
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