Fue un destacado futbolista del Club Defensores de Cambaceres, pero además un reconocido comerciante de Ensenada por cuya peluquería pasaron varias generaciones, por eso el fallecimiento de Héctor “Titín” González provocó sentidas muestras de dolor entre quienes lo conocieron y apreciaron.
Sus padres fueron Juana y Miguel León González. Había nacido el 3 de mayo de 1920 en Ensenada y creció junto a sus diez hermanos.
Salió a trabajar siendo aún un niño, razón por la que no pudo completar los estudios iniciados en la Escuela N° 3.
Desde muy joven y hasta que se jubiló, estuvo al frente de la peluquería de hombres ubicada en calle La Merced N° 364, de Ensenada.
Simpatizante de River, Titín tuvo pasión por el fútbol y se lució en el Club Defensores de Cambaceres entre los años 1939 y 1954. Fue campeón de la Liga Amateur Platense en 1939, 1941, 1944, 1946 y 1950.
Su arraigo a Cambaceres fue muy grande y llegó a ser uno de sus mas característicos socios vitalicios. También jugó en Platense y en Atlanta. Su lema fue: “Para ganar, poner sangre y alma”.
Por su rendimiento, estuvo tentado para jugar en un equipo de Colombia, pero él decidió quedarse en Argentina.
En reconocimiento a su actividad deportiva, la Municipalidad de Ensenada le entregó una medalla.
El 28 de enero de 1956 se casó con Zunilda Elena Francisca Domínguez; la familia creció con los nacimientos de sus hijas Zunilda Eva y Gabriela. También tuvo la satisfacción de ver ampliar su descendencia con la llegada de sus tres nietos Amir, Kamar y Nazlie Gulayín.
Su familia fue el eje de su vida y una de sus frases de cabecera fue “todos juntos”, un símbolo de lo que él hizo para mantenerla siempre de esa manera.
En el tiempo libre le gustaba dedicarse al jardín, cuidar su jazmín y trabajar con madera, algo que le permitió exhibir sus cualidades artísticas y creativas.
Hombre de códigos y de una gran lealtad, siempre estuvo rodeado de buenos amigos y él se encargó de hacer de la amistad un culto. Ese círculo incluso le ayudó a construir su primera casa en la calle Alem. Solía recordar cuando los fines de semana, cada uno en su oficio, hacía su aporte y luego compartían un asado o una gran picada.
Fue un hombre solidario y sociable que disfrutaba de las reuniones con amigos y de las salidas con su esposa y otras parejas para ir a bailar o a cenar.
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