La historia oficial brinda un relato. Un relato de héroes blancos, un relato de desiertos conquistados. Pero hay otras historias: “4 lonkos”, nuevo documental de Sebastián Díaz, continúa con su intento iniciado en “La muralla criolla” por contar “la historia silenciada de la Campaña del Desierto”.
Un trabajo de investigación que se verá esta noche, desde las 22 en Cine Select, en el marco del Festival de Cine Latinoamericano de La Plata; y que es correlato de su anterior película, sobre la zanja de Alsina: “4 lonkos” emergió de la investigación de aquel documental donde “me quedaron muchas cosas afuera”, cuenta el realizador, para contar “la vida, muerte y profanación de cuatro caciques de La Pampa y Patagonia: Mariano Rosas, Cipriano Catriel, Juan Calfucurá y Vicente Pincén”, quienes luego de la sangrienta Campaña del Desierto, fueron profanados en nombre de la ciencia.
Las cuatro historias son narradas por el realizador nacido en la ciudad de La Plata y director también de “Mataperros” en cuatro episodios, cada uno una unidad estilística construida a partir de animación (como “La muralla criolla”, para las recreaciones), entrevistas a investigadores, ilustres nombres de los estudios del país y de los pueblos originarios como Osvaldo Bayer, antes de su fallecimiento, Marcelo Valko, Carlos Martínez Sarasola, “que bajan una línea filosófica y ética”), y a descendientes de los caciques, además del archivo gráfico y del registro documental de los principales asentamientos y sitios históricos. Cada episodio es la historia del recorrido de los restos de esos cuatro cráneos, derrotados, profanados.
“Son cuatro lonkos, que significa cabezas de las tribus en mapuche, pero esta es también la historia de esas cuatro cráneos: seguimos el periplo de esas cabezas, para demostrar cómo fueron maltratados. La Conquista no terminó con la captura y aniquilación de esas tribus, siguió por siglos. Estamos hablando de que Cafulcurá, el principal cacique que tuvo Argentina, permanece como trofeo de guerra en La Plata”, explica Díaz. De los cuatro caciques, solo Pincén pudo sortear el destino trágico de la exhibición de sus cráneos en un museo de Argentina: el resto reposó en oscuras vitrinas en los museos de La Plata y Bariloche.
“Criticamos a la ciencia, cómo la ciencia de esos momentos maltrató a los pueblos originarios; y en particular a Estanislao Zeballos y Francisco Pascasio Moreno, los mayores apropiadores de cráneos del país. Zeballos tenía una colección privada de 300 cráneos”, analiza sobre su trabajo el realizador local, y revela que en el filme “todas las historias están ligadas las figuras del Perito Moreno y de Estanislao Zeballos, el propagandista de la Campaña del Desierto. Son los dos íconos en los que se apoyó la oligarquía para hacer todo este desastre”.
“El discurso oficial intenta imponer que los argentinos bajaron de los barcos para borrar a los verdaderos dueños de la tierra. Después de la Campaña del Desierto se entregaron millones de hectáreas a 1800 familias que integraban la Sociedad Rural. Ellos se beneficiaron con la prisión, cautiverio y muerte de por lo menos 25 mil aborígenes”, lanza el cineasta.
El recorrido del documental retrata también las primeras restituciones de esos restos, desde principios de siglo. Aunque, como señala Díaz, allí sigue Cafulcurá, en nuestro Museo. “El Museo atesora diez mil restos pertenecientes a los pueblos originarios. La falla ética del Museo es que los restos no son para ellos seres humanos, son piezas de Museo: deberían hacer una restitución masiva”, opina. “Yo soy platense, visito el Museo desde chico, y siempre me pareció un lugar bastante oscuro, de energías negativas. De grande, al estudiar estas temáticas, creo saber el motivo: es un verdadero osario”.
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