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Roberto Julio Marcos

Por Redacción

El fallecimiento de Roberto Julio Marcos, un médico de dilatada trayectoria en distintos establecimientos de la ciudad, provocó numerosas expresiones de dolor, no sólo en su círculo íntimo, sino también entre quienes fueron sus pacientes y discípulos.

Había nacido el 17 de septiembre de 1937, en Coronel Suárez, Buenos Aires. Sus padres fueron Manuel Marcos y María del Carmen Fernández Costa y creció junto a sus hermanos Alberto y Juan Carlos. Luego de cursar sus estudios primarios y secundarios, se mudó a La Plata para ingresar a la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata.

Al recibirse de médico se especializó en ortopedia y traumatología y pasó sus primeros años como médico residente en el Policlínico General San Martín. Después se desempeñó en diferentes clínicas y sanatorios locales y , además de atender en su consultorio particular, trabajó muchos años en el Hospital Español.

A la par desarrolló una prolífica carrera docente. Tuvo como referente y guía al médico Rómulo Lambre , quien estuvo al frente de la cátedra 1 de anatomía.

Marcos también fue profesor adjunto de la cátedra de ortopedia. Uno de sus grandes logros fue haber formado a una numerosa camada de reconocidos profesionales.

También escribió libros vinculados a su especialidad y presentó trabajos y publicaciones.

En 1966 se casó con Alcira Irma García Labandal, de la unión nacieron sus hijas Ana Inés, Julia Elena y Valeria, ellas a su vez lo convirtieron en abuelo de seis nietos: Ignacio, Santiago, Amparo, Ezequiel, Mateo y Franco.

Con sus nietos repitió la fórmula que empleó con sus hijas, fue alguien cercano, dispuesto a escuchar y de una gran calidez.

Compartió su gusto por el golf con Santiago, uno de sus nietos y el 30 de noviembre último cumplió el sueño de ver a su nieto Mateo, con 16 años, presentar su primer libro.

En el tiempo libre le gustaba volar, se compró un avión, fue piloto y socio del Aeroclub La Plata.

También integró la Medical Jazz Band, tocó el banjo, fue la voz de esa formación y quien amenizaba con un humor chispeante cada actuación.

Fue un profesional respetado que se entregó con responsabilidad a sus pacientes, pero también fue un hombre bondadoso, alegre e incondicional con sus afectos, por eso su partida, sin dudas, dejará un inmenso vacío.

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