Dotado con una agudeza intelectual que le permitía esquivar las obviedades y someter a escrutinio los paradigmas, Edmundo Piaggio fue un hombre de singular cultura, y un profesional destacado en el campo de la ingeniería civil. Su fallecimiento, a los 84 años, provoca hondo pesar entre quienes valoraron su probidad, su sentido del humor, su calidad humana y la rigurosa ética que imprimió a sus acciones.
Hijo de Margarita Valli y Marcelo Edmundo Piaggio, nació en la capital federal el 4 de abril de 1935. Transitó la infancia y adolescencia en la ciudad bonaerense de Rojas, paisaje que solía evocar con nostalgia y cariño, y llegó a La Plata finalizada la formación secundaria para graduarse como ingeniero en la casa de altos estudios que la UNLP posee en 1 entre 47 y 48.
Matriculado en 1961, inició una vasta trayectoria que lo tuvo como emprendedor prolífico en la industria de la construcción, liderando proyectos inmobiliarios privados en solitario o junto a socios, e incursionando en la obra pública a lo largo y a lo ancho del territorio bonaerense. En ese devenir, padeció como propia y superó cada una de las cíclicas crisis que azotaron al país. En 1974, fue parte de la comisión directiva del Centro de Ingenieros de la Provincia.
Enrolado en las filas del socialismo democrático, cuyas listas electorales integró en 1963, en mayo de 1964 asumió una banca de concejal por esa fuerza en reemplazo del renunciante Emir Salvioli. Su desempeño legislativo le permitió impulsar iniciativas transformadoras y no cejó en su empeño por exigir conductas austeras a todos los actores políticos, señalando a la corrupción, el autoritarismo y la demagogia como causas centrales del crecimiento de la pobreza y la decadencia nacional.
Apasionado por la música, en particular los grandes compositores clásicos, fue abonado y asiduo concurrente a las veladas del Teatro Colón; la literatura y los viajes también fueron parte de un universo al que invitaba con conversación precisa y estimulante.
Casado en 1969 con la contadora Griselda Irma Conti, tuvo dos hijos -Eduardo y Cecilia-, que se prolongaron en cinco nietos: Tomás, Julia, Paula, Victoria y Lucca. Promovió la cohesión familiar y la lealtad a los afectos, con un sentido de pertenencia que extendió a sus amigos, a quienes brindó su solidaridad cada vez que lo necesitaron.
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