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María Teresa Reca

María Teresa Reca

Por Redacción

Distintas expresiones de dolor causó el fallecimiento de la profesora de Letras María Teresa Reca viuda de Mosquera, protagonista de una destacada actuación en las aulas del Colegio Nacional y de una fecunda carrera en la dirección provincial de Psicología.

Había alcanzado a cumplir 94 años.

La pulsión vital de “Chiquita” -así la llamaba su entorno más cercano- parecía no tener otra fuente que el amor. Un espíritu animoso, enérgico, firme, celebratorio y una intacta lucidez la distinguían. Su palabra aguda y precisa se entregaba con la naturalidad y fluidez del encuentro como si todas las etapas de su vida se conjugaran para soslayar el inevitable paso del tiempo.

Sus principios de integridad y nobleza se reflejan en su intachable trayectoria. Educada bajo un sistema estricto propio de principio de siglo, supo adaptarse a los vertiginosos cambios que los tiempos demandaron sin comprometer sus convicciones.

Había nacido el 15 de febrero de 1925. Cursó sus estudios secundarios en la Escuela Normal Nº 1 Mary O’Graham. Completó su licenciatura y doctorado en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de la Plata. Fue una reconocida docente, y jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio Nacional “Rafael Hernández” que dedicó su vida a la formación de numerosas generaciones de estudiantes.

Esa experiencia pedagógica se enriquecía con la mirada que le aportaba haber sido asesora e inspectora de la dirección de Psicología de nuestra provincia. Con esa inalterable inclinación fue también fundadora y primera directora del Ciclo Básico Vocacional, que se instrumentara como prueba piloto de un nuevo programa de educación secundaria bonaerense.

A su vida profesional se sumó su devoción por su familia. Casada durante 56 años con Máximo Mosquera, disfrutó de sus hijos Daniel, María Laura y Fernando, sus nietos y bisnietos. Así, con pasión y con generosidad involucraba en su vida a cada uno de sus seres queridos. A la fuerza de su lógica imperturbable se le agregó, y aún más con el devenir de los años, un gusto particular por la libertad de estas épocas.

Su padre le transmitió un amor por la naturaleza y los deportes al aire libre que constituyó una filosofía para toda la vida. Ese interés lo desarrolló tempranamente en el histórico Club de Regatas y se prolongó en momentos inolvidables en la por entonces agreste e icónica Valeria del Mar.

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