La medicina fue la herramienta con la que Alfredo Casaliba expresó su amor al prójimo y ejerció con gran vocación y humanismo. Por esos y otros valores que lo caracterizaron, su fallecimiento causó un profundo dolor entre quienes lo conocieron.
Había nacido en el seno de una familia numerosa, el 6 de octubre de 1930 en La Plata; sus padres fueron Ohan Casaliba y Elisa Glor, inmigrantes sirios.
Estudió en la Escuela N° 10, en el Colegio Nacional y en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata.
Por el lapso de 8 años fue practicante de guardia del Policlínico General San Martín, hospital en el que hizo toda su carrera.
Casaliba se especializó como médico cirujano, trabajó en la guardia, fue jefe de la los jueves y se retiró como jefe del servicio de Emergencias.
Además atendió pacientes en su consultorio de Lisandro Olmos, donde se radicó en 1959 y se destacó que la medicina fue para él un sacerdocio que no conoció de días libres ni de horarios.
Con 88 años y una vida de trabajo en su haber, se mantuvo lúcido hasta sus últimos días. Tan consustanciado estaba con su profesión que solía soñar que salía a controlar a algún paciente.
Cumplió su proyecto familiar junto a Emma María Princhich y desde que enviudó, hace 12 años, dijo extrañar y necesitar a su esposa a cada momento. De la unión nacieron sus cuatro hijos, Alfredo - médico nefrólogo -; Ema - profesora de Letras -, Silvia - médica pediatra - y Gustavo - traumatólogo -. Ellos a su vez le dieron la felicidad de convertirse en abuelo.
Carismático y de fuerte personalidad fue un referente para sus seres queridos; un ejemplo a seguir porque además de ser un hombre recto fue alguien que se hizo querer.
Su pasión por la profesión fue inspiradora para sus descendientes y quienes se formaron junto a él.
Alfredo fue un hombre casero que privilegiaba los encuentros familiares a otro tipo de salidas; en particular disfrutaba de las reuniones con sus hijos, nietos y sobrinos.
También fue un vecino de compromisos comunitarios que trabajó desde el Centro Comunal de Olmos por el asfalto de las calles, la llegada del teléfono y otros servicios que representaron adelantos para esa zona.
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